El Congreso de la República se alista un golpe mortal al pisco

El Congreso de la República ha encontrado un nuevo enemigo: no es la corrupción, no es la inseguridad, no es la anemia infantil. Es el pisco. En nombre de una supuesta preocupación sanitaria, el Parlamento se alista para aprobar una norma que puede darle un golpe mortal a nuestra bebida bandera, dañando su imagen internacional y arrastrando consigo a miles de pequeños productores, trabajadores y exportadores que sostienen una cadena de valor construida durante décadas.

La propuesta de cambiar la advertencia sanitaria en las botellas —de “Tomar bebidas alcohólicas en exceso es dañino” a “Tomar bebidas alcohólicas es dañino para la salud. Las bebidas de alto grado alcohólico tienen mayor impacto nocivo”— no es un simple ajuste de redacción: es un misil directo al corazón del sector de destilados, con el pisco en primera fila.

La Sociedad Nacional de Industrias lo ha dicho con claridad: no hay sustento científico serio que respalde esa redacción ni evidencia que justifique discriminar a las bebidas de mayor graduación como si fueran veneno embotellado. Ningún país en el mundo usa este tipo de etiquetado. Pero aquí, en lugar de fortalecer la fiscalización del consumo nocivo, se prefiere demonizar un producto que genera empleo formal, tributos y posicionamiento del Perú en el exterior.

Mientras el comercio mundial de destilados mueve miles de millones de dólares, el Perú trata de consolidar su presencia con 623 empresas formales, 11.600 empleos directos y un pisco que ya lidera las exportaciones del rubro. Y justo ahora, cuando la industria empieza a recuperarse y a abrir mercados, desde el Congreso se empuja una norma que puede espantar consumidores, confundir turistas y sembrar dudas sobre la calidad de nuestro propio producto estrella.

Más preocupante aún: el proyecto avanza con dictamen favorable sin convocar de manera real y transparente al sector para escuchar argumentos técnicos. Es decir, se legisla sobre una industria compleja como quien redacta un eslogan de campaña.

No se trata de defender el consumo irresponsable de alcohol, sino de denunciar la irresponsabilidad legislativa. Un Congreso que jamás ha mostrado tal celo frente a las mafias, a las drogas o a la publicidad engañosa, ahora se presenta como guardián de la salud pública… pero cargando contra el pisco peruano.

Reflexión final
Si permitimos que esta ley avance, no solo perderá la industria de destilados: perderá el país. Porque detrás de cada botella de pisco hay agricultores, bodegas familiares, enólogos, exportadores y trabajadores que sí cumplen reglas. El veneno no está en el pisco; está en una forma de legislar que desprecia la evidencia, ignora a los ciudadanos y convierte al Congreso en el peor enemigo de la producción nacional.

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