Tiro peruano sumó 7 medallas en los Juegos Bolivarianos

En cada edición de los Juegos Bolivarianos hay disciplinas que sorprenden y otras que confirman lo que ya se intuía. El tiro peruano pertenece a este segundo grupo: no solo compite, domina. La jornada de este lunes lo dejó claro una vez más, con siete nuevas medallas —dos de oro, dos de plata y tres de bronce— que elevaron a 36 el total de preseas obtenidas por el Perú en Ayacucho – Lima 2025. Más allá del resultado inmediato, este desempeño invita a reflexionar sobre cómo una disciplina altamente técnica se ha convertido en una de las columnas más estables del deporte peruano.

El protagonismo recayó en dos nombres ya familiares en el circuito continental: Nicolás Pacheco y Daniella Borda, campeones en la modalidad de Skeet individual masculino y femenino, respectivamente. Pacheco, con 54 puntos, superó con solvencia a representantes de Guatemala y Chile, confirmando su madurez competitiva. Borda, con 47 puntos, hizo lo propio en la rama femenina, imponiéndose con claridad y precisión quirúrgica, una característica que se ha vuelto sello del tiro peruano.

Pero la historia del día no termina allí. Liz Carrión sumó una plata valiosa en Pistola de Aire 10 m, mientras que el equipo masculino de Rifle de Aire 10 m —Daniel Vizcarra, Diego Morín y Favio Salas— aportó otra presea plateada gracias a una actuación colectiva extremadamente consistente.

A ello se sumaron tres bronces que demuestran que el talento sigue renovándose: Deysi Jilapa, Alexia Arenas y Diego Morín subieron al podio en pruebas individuales que exigen precisión, resistencia mental y un control emocional extraordinario. Cada uno, desde su especialidad, refuerza la idea de que el tiro en el Perú no depende de una sola figura, sino de un equipo amplio y competitivo.

Con estas siete medallas, el tiro alcanza 11 preseas en estos Juegos, consolidándose como una de las disciplinas más productivas de toda la delegación peruana. En un escenario donde el éxito deportivo suele oscilar entre el entusiasmo momentáneo y la incertidumbre estructural, el tiro sigue ofreciendo un mensaje distinto: planificación, trabajo metódico y resultados sostenidos.

Este rendimiento no es fruto del azar. Responde a un proceso técnico sólido, a una cultura deportiva que ha sabido cultivarse y a atletas que han convertido la precisión en un proyecto de vida. El tiro peruano es, hoy por hoy, un ejemplo de continuidad en un país donde la continuidad suele escasear.

Reflexión final
En tiempos donde se reclama elevar el nivel deportivo nacional, el tiro nos recuerda que la excelencia se construye con tiempo y disciplina. Los Juegos Bolivarianos dejan un mensaje claro: cuando un país invierte en el desarrollo sostenido de una disciplina, el podio deja de ser un sueño y se convierte en una costumbre.

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