Escándalo en Juegos Bolivarianos: medallista peruano denuncia

El podio debía ser símbolo de orgullo y planificación. Sin embargo, en los Juegos Bolivarianos Ayacucho–Lima 2025, la medalla de plata del fondista peruano Ulises Martín Ambrosio llegó con una denuncia que derrumba el relato triunfalista: atletas “abandonados”, pruebas cambiadas a última hora y una organización que se sostiene más en decretos de urgencia que en respeto al deporte y a las personas.

Ambrosio cruzó la meta de la maratón en el Centro Histórico de Lima, apenas tres segundos detrás del campeón peruano Ferdinand Cereceda. Pero su testimonio reveló el lado que no sale en los spots oficiales: llegaron a Lima sin saber dónde hospedarse, llamaron al IPD y nadie respondió; fue la propia federación la que, a menos de 48 horas de la competencia, tuvo que improvisar alojamiento.

Como si eso fuera poco, la prueba para la que el fondista se había preparado —la media maratón— fue cancelada sin anticipación, obligándolo a correr una maratón completa para la que no estaba entrenado. No es un “detalle logístico”: es jugar con la salud y la carrera de los deportistas por pura improvisación.

Mientras los atletas buscan cama y calendario, el Estado aprueba un Decreto de Urgencia que libera más de S/ 35.6 millones para “garantizar” los Juegos y autoriza contrataciones directas por “desabastecimiento inminente”. Con esa puerta abierta, el IPD adjudica millones en comunicación, merchandising y la llamada “Casa Perú”, todo a días del inicio del evento y sin concurso público, escenario ya cuestionado por la Contraloría.

En paralelo, sedes que debían estar listas en Ayacucho apenas alcanzan avances mínimos; disciplinas se recortan o se trasladan a Lima; y, a ocho días de la inauguración, el Gobierno cambia al presidente del IPD, reemplazando a Federico Tong por Sergio Ludeña, en pleno naufragio organizativo. El mensaje es claro: los cronogramas se pueden romper; la planificación, posponer; pero el show no se cancela.

La denuncia de Ambrosio no es un exabrupto aislado: es la radiografía de un modelo que prioriza la foto, el acto protocolar y la transmisión televisiva por encima del respeto mínimo a quienes se cuelgan las medallas. Cuando el atleta tiene que convertirse en vocero de las deficiencias, es porque las instituciones han renunciado a decir la verdad.

Reflexión final
Los Juegos Bolivarianos 2025 pasarán y el discurso oficial intentará quedarse con el saldo de medallas. Lo que no debería olvidarse es la factura ética: fondos de emergencia usados al filo del plazo, obras inconclusas, sedes cambiadas y deportistas obligados a competir en medio del caos. El verdadero triunfo no está en el himno que suena al final de la prueba, sino en un Estado capaz de organizar unos juegos sin atropellar la dignidad de quienes los hacen posibles.

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