Juegos Bolivarianos 2025: una ofensa al pueblo de Ayacucho

Cuando un dirigente que organizó con éxito los Panamericanos de Lima 2019 dice que los Juegos Bolivarianos Ayacucho–Lima 2025 “son una ofensa al pueblo de Ayacucho”, conviene escuchar. Carlos Neuhaus no habla solo desde la política, sino desde la experiencia de haber puesto al deportista en el centro. Hoy, en cambio, el centro parece ser otro: contratos, adelantos irregulares y un estadio que es símbolo de promesa rota.

La Contraloría ha revelado que se entregaron S/ 92 millones en adelantos para la reconstrucción del estadio Cuna de la Libertad Americana, sin las garantías exigidas, a un consorcio que debía levantar la sede principal de Ayacucho. Mientras el dinero fluía, la obra apenas llegó al 18 % de avance físico, pese a un presupuesto acumulado que bordea los S/ 422 millones.

Traducido al lenguaje deportivo: el cronómetro corre, el marcador está en contra y la dirigencia juega a esconder el balón. Se prometió a Ayacucho un estadio digno de albergar un evento internacional; a pocos días del inicio de los Juegos, lo que hay es concreto inconcluso, investigaciones abiertas y un pueblo que ve cómo el “legado” se desmorona antes de nacer.

Neuhaus recuerda que en Lima 2019 “lo principal eran los deportistas”: cama digna, alimentación adecuada, traslados a tiempo. Hoy, en Ayacucho, el mensaje parece invertido: primero los negocios, luego –si queda espacio– los atletas y la comunidad. El deporte, usado como escenografía para justificar decretos de urgencia, giros millonarios y decisiones opacas.

No se trata solo de un fracaso administrativo. Es una falta de respeto al esfuerzo de quienes entrenan años para llegar a unos Bolivarianos y al derecho de una región históricamente golpeada que vio en estos juegos una oportunidad de reconocimiento, inversión y orgullo propio. Convertir ese sueño en un catálogo de irregularidades es, efectivamente, una ofensa.

Ayacucho merecía tribunas llenas, no expedientes de la Contraloría. Los Juegos Bolivarianos debían ser un punto de inflexión para el deporte y la infraestructura regional; están camino a convertirse en otro capítulo de la larga novela de la corrupción y la improvisación.

Reflexión final
El país tendrá que decidir qué modelo quiere para su deporte: uno que usa a los atletas como escudo de obras mal hechas, o uno que convierte cada competencia en un pacto ético con la ciudadanía. Si se acepta que unos Juegos sean “ofensa” y no se corrige el rumbo, la derrota no será solo de Ayacucho, sino de todo el Perú.

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