El titular suena prometedor: “se acaba el imperio de las AFP”, llegan las EAF, bancos, cajas y financieras a competir por nuestros fondos de pensiones. La SBS anuncia más competencia, más solvencia, más transparencia. El Congreso se cuelga la medalla de la “reforma”. Pero detrás de la jerga técnica y las resoluciones en El Peruano, la pregunta de fondo sigue intacta: ¿cambia algo para el trabajador que gana poco, aporta intermitentemente y se jubila con una pensión que no alcanza ni para el carrito de mercado?.
La Resolución SBS N.° 04225-2025 abre el Sistema Privado de Pensiones a nuevos actores. Bancos, cajas, aseguradoras y fondos colectivos podrán convertirse en Empresas Administradoras de Fondos de Pensiones (EAF) si cumplen una serie de requisitos: calificación mínima B+, estudios de factibilidad, gestión de riesgos, modelos de inversión, prevención de conflictos de interés, etcétera. El diseño luce impecable… sobre el papel.
Pero el problema del sistema previsional peruano nunca fue solo de arquitectura financiera, sino de lógica política: las pensiones se han tratado como un negocio antes que como un derecho. Hoy el oligopolio AFP corre el riesgo de transformarse en un club ampliado de grandes jugadores financieros, todos compitiendo por la misma torta, bajo la misma premisa: maximizar ganancias con el ahorro de trabajadores que, en muchos casos, apenas sobreviven mes a mes.
Que haya más oferentes no significa que haya justicia previsional. La informalidad, los sueldos bajos, los aportes intermitentes y la falta de una pensión mínima digna no se resuelven con una nueva sigla. Se habla de licitaciones cada dos años, de procesos ágiles, de estándares de solvencia, pero casi nada de lo esencial: ¿cuánto será la pensión real de quien trabajó cuarenta años? ¿qué pasa con quienes no logran aportar lo suficiente? ¿dónde queda el rol del Estado como garante y no solo como árbitro regulatorio?
El detalle final es revelador: las propias AFP podrán “convertirse” en EAF y adaptarse al nuevo régimen. Es decir, el sistema se reconfigura, pero los viejos actores ya tienen reservada su silla.
La reforma previsional que se vende como fin del “imperio AFP” corre el riesgo de ser solo un rebranding del mismo modelo: más competencia entre entidades financieras, pero la misma precariedad en la vejez para millones. Sin una discusión seria sobre pensión mínima, pilar solidario y responsabilidad estatal, lo que se fortalece no es la protección del afiliado, sino la sofisticación del negocio.
Reflexión final
Llamar “libertad de elección” a la obligación de escoger entre administradoras que piensan primero en sus balances y luego en la vida de los jubilados es una ironía demasiado cara. Si el país no se atreve a poner al centro el derecho a una pensión digna, las EAF serán solo un nuevo logo en los estados de cuenta. Y el trabajador peruano seguirá siendo lo de siempre: el último en la fila del sistema que dice estar hecho para protegerlo.
