Lima vuelve a estar en los ojos de Sudamérica. Flamengo y Palmeiras disputan hoy la final de la Copa Libertadores en el Estadio Monumental, con más de 70.000 hinchas en tribunas y miles de visitantes recorriendo la ciudad. No es solo un partido: es una prueba de fuego de qué tan capaces somos de organizar un megaevento deportivo con orden, seguridad y algo muy necesario en esta capital caótica: previsión.
Desde las 11 de la noche del viernes 28 se cerraron las avenidas Javier Prado, Florián Tristán, Constructores, Mogrovejo y Huachipa. La Municipalidad de La Molina, en coordinación con la Policía Nacional, activó un plan de desvíos y rutas alternas —Separadora Industrial, Ingenieros, La Fontana, Universidad— para permitir el tránsito de hinchas hacia el Monumental. Más de 1.600 policías y unos 300 trabajadores municipales entre serenazgo, fiscalización y gestión de riesgos refuerzan la zona. Es, nos guste o no el tráfico extra, un despliegue que muestra que la ciudad sí puede trabajar en equipo cuando se lo propone.
La prohibición de venta de alcohol desde las 9:00 a.m. en La Molina es otra señal de responsabilidad. Con más de 60.000 personas dentro del estadio y miles en los alrededores, evitar excesos es priorizar la seguridad de familias, vecinos y visitantes. Al mismo tiempo, el feriado largo de diciembre dará a escolares cuatro días consecutivos de descanso: una oportunidad para que muchas familias recuperen tiempo, compartan actividades recreativas y, por qué no, adopten el hábito de vivir el deporte como espacio de encuentro y no de conflicto.
Incluso el anuncio del MTC sobre el ajuste del pasaje de la Línea 1 del Metro, si bien genera preocupación, puede leerse como un compromiso que la ciudadanía debe vigilar: si se promete mejorar el servicio “en términos razonables”, corresponde exigir que esa mejora sea visible, medible y sostenida. Es el momento ideal para entender que la movilidad y el deporte forman parte de la misma conversación sobre calidad de vida.
La final de la Libertadores nos recuerda que Lima puede ser sede de grandes eventos y estar a la altura.
Reflexión final
Si hoy somos capaces de coordinar policías, municipios, desvíos y medidas de seguridad para 90 minutos de fútbol, mañana podemos aplicar esa misma energía para construir una ciudad más amable, segura y deportiva todos los días del año. La pelota rueda en el Monumental, pero el verdadero triunfo será que esta experiencia deje un legado de buena organización y orgullo para Lima.
