El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de “suspender permanentemente la migración de todos los países del Tercer Mundo” ha encendido las alarmas dentro y fuera del país. El mensaje, difundido en su red social Truth Social, llega en un clima marcado por el temor y la polarización. Sin precisar qué naciones incluye bajo ese rótulo ni cómo se aplicaría la medida, la Casa Blanca abre un nuevo capítulo en la ya tensa discusión global sobre migración, seguridad y derechos humanos.
El giro se inscribe en una serie de decisiones ejecutivas que endurecen la política migratoria. Entre ellas, la suspensión inmediata de solicitudes de inmigración desde Afganistán y la revisión del estatus de residentes con “green card” procedentes de países como Cuba, Haití, Venezuela, Irán y Birmania, en una lista de 19 naciones catalogadas de “alto riesgo”. Según el director de USCIS, Joseph Edlow, se analizará “país por país” quién mantiene o pierde su residencia.
El detonante político es el tiroteo cerca de la Casa Blanca, donde murió la guardia nacional Sarah Beckstrom, de 20 años, y resultó herido Andrew Wolfe, de 24. El presunto atacante, Rahmanullah Lakanwal, ciudadano afgano que llegó en 2021 tras la retirada de tropas de Afganistán, obtuvo asilo recién en abril de este año. El caso ha sido presentado por la Administración como prueba de fallas en los controles migratorios aplicados durante el gobierno de Joe Biden.
Sin embargo, organizaciones como AfghanEvac recuerdan que los afganos evacuados pasaron por “algunos de los procesos de verificación de seguridad más exhaustivos del mundo” y advierten del riesgo de generalizar a partir de un caso individual. Al mismo tiempo, la difusión por parte de Trump de una fotografía del puente aéreo desde Afganistán, acompañada de cifras infladas sobre la cantidad de evacuados, ha reavivado el debate sobre el uso político de la desinformación.
Más que una respuesta quirúrgica a un hecho puntual de violencia, las medidas adoptadas parecen apuntar a una redefinición de quién merece o no un lugar en Estados Unidos, bajo criterios amplios y poco transparentes. La idea de expulsar a quienes “no sean compatibles con la civilización occidental” deja a millones de personas bajo sospecha permanente.
Reflexión final
Lo que está en juego no es solo la política migratoria de una potencia, sino el mensaje que se envía al mundo: ¿puede una tragedia justificar restricciones masivas basadas en el origen y no en la conducta individual? La respuesta que se construya hoy marcará el estándar de derechos y garantías del mañana.
