Apuestas online: ludopatía infantil aumenta 18% en el país

En el Perú, un menor ya no necesita colarse en un casino clandestino para engancharse al juego: basta un celular, datos y una tarjeta registrada “para comprar diamantes”. EsSalud acaba de prender la alarma: los casos de ludopatía crecieron 10% en general, pero 18% entre menores de 18 años. Mientras tanto, el país sigue inundado de casas de apuestas, ruletas virtuales y videojuegos con “cajas sorpresa” que se venden como entretenimiento, mientras funcionan como escuelas de adicción.

La psiquiatra Paula Vizcarra lo describe con precisión: loot boxes, ruletas, cajas de recompensa, premios aleatorios… la misma lógica del casino, pero disfrazada de juego “para todas las edades”. Y no hablamos solo de plataformas claramente de apuestas, sino de videojuegos masivos donde se normaliza la idea de “arriesga algo ahora, gana algo al instante”. Ese circuito de dopamina temprana no es casual: está diseñado para enganchar.

El problema es doble. Por un lado, un ecosistema digital que convierte el celular en un casino portátil abierto 24/7, sin supervisión efectiva ni controles serios de edad. Por otro, un Estado que llegó tarde a regular el negocio de las apuestas, permitió su expansión publicitaria sin freno y hoy se limita a mirar desde la tribuna mientras EsSalud reporta adolescentes internados de emergencia por cuadros de ludopatía.

La responsabilidad tampoco se agota en las leyes. En muchas casas, las apuestas deportivas “entre familia”, las recargas “para el jueguito” y las compras sin control en plataformas online se han vuelto moneda corriente. Padres exhaustos, pantallas usadas como niñera digital y una industria que aprovecha ese vacío para meterse por cada rendija: del fútbol televisado al influencer que invita a “apostar responsablemente”, siempre sobre la línea más vulnerable.

EsSalud pide a los padres detectar señales: uso constante de dinero en apps, pedidos de recargas, obsesión por subir de rango, irritabilidad, ansiedad, trastornos del sueño, aislamiento. Pero si la única respuesta es “ponle menos horas de pantalla” mientras el país permite que la publicidad de apuestas y las mecánicas tipo casino sigan entrando por todos los canales, estamos condenando a las familias a pelear solas contra un adversario millonario.

No es un problema de “chicos sin fuerza de voluntad”. Es el resultado de una industria que ha encontrado en los menores un mercado jugoso y en la desregulación peruana un terreno fértil. Cada punto porcentual de aumento en ludopatía adolescente es la factura de esa combinación.

Reflexión final
Si seguimos tratando las apuestas online como si fueran un simple pasatiempo digital, aceptaremos que el precio de la “diversión” sea una generación educada a golpe de ruleta, loot box y recarga. Defender la ética y la justicia aquí significa incomodar: limitar la presencia de estas plataformas, blindar a los menores con leyes reales y dejar de permitir que el casino entre, impune, por la puerta principal de la sala… en forma de aplicación.

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