46% desaprueba a José Jerí: gobierno en piloto automático

Un presidente recién llegado suele disfrutar de una breve luna de miel: discursos esperanzadores, encuestas amables, promesas aún frescas. José Jerí, en cambio, arrancó su mandato con una ciudadanía que, en apenas un mes, ya lo desaprueba en 46%. No es un tropiezo, es una señal. Y lo más grave no es el número, sino la razón: el país percibe que, frente al crimen, la pobreza, el colapso de servicios básicos y las heridas abiertas por las muertes en protesta, Jerí no gobierna; solo administra la inercia hasta el 28 de julio de 2026.

Según el IEP, apenas el 39% aprueba su gestión y un 15% prefiere ni opinar. El rechazo se concentra sobre todo en Lima Metropolitana y el sur: dos zonas donde la inseguridad se disfraza de “estado de emergencia” y donde la memoria de más de 50 asesinatos durante las protestas de 2022-2023 sigue sin justicia. A Jerí le explota en la cara la factura de un Estado que nunca respondió y de una “mano dura” que solo ha servido para llenar comunicados, no cárceles de criminales.

Su gran apuesta —decretar nuevas emergencias— ha fracasado con disciplina. Los homicidios no caen, las extorsiones continúan, los ciudadanos sienten más miedo que antes… pero el libreto se repite: visita a comisarías, fotos en penales, declaraciones solemnes y ninguna evidencia de un plan nacional serio contra la delincuencia. Es la política de la patrulla para la cámara y del vacío estratégico para la calle.

Mientras tanto, salud, educación y minería dan señales de colapso: hospitales desbordados, escuelas abandonadas, conflictos latentes por recursos, regiones que no ven inversión real. El país se desordena, pero Jerí parece reducido al cálculo corto: llegar al 28 de julio de 2026 con la menor turbulencia posible, aunque el costo sea dejar al país en modo piloto automático.

Comparado con otros presidentes de transición, la fotografía es aún más elocuente: Vizcarra arrancó con 52% de aprobación, Sagasti con 58%. Solo supera a Dina Boluarte, el estándar más bajo de la última década. No es precisamente un logro para enmarcar.

La desaprobación de Jerí no es un capricho de las encuestas, es el reflejo de una gestión que hasta ahora no ha mostrado rumbo, ni en seguridad, ni en justicia, ni en servicios básicos. Un presidente que se limita a “pasar la página” sin resolver el conflicto de fondo solo prolonga la crisis.

Reflexión final
Si en su primer mes casi la mitad del país ya lo rechaza, Jerí debería entender que no le queda margen para seguir actuando como espectador de su propio gobierno. Un país con miedo, servicios colapsados y muertos sin justicia no necesita un presidente que contabilice días hasta el 2026, sino alguien dispuesto a asumir el costo político de gobernar de verdad.

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