Acoso sexual laboral: una de cada seis personas fue víctima en 2025

Los números bajaron, pero la vergüenza sigue alta. El acoso sexual laboral en el Perú pasó del 34% en 2021 al 14% en 2025, según Data ELSA. En lenguaje técnico: avance. En lenguaje humano: una de cada seis personas sigue siendo acosada en su trabajo. Celebrar la reducción sin mirar lo que queda es, como mínimo, peligroso. Porque detrás de cada porcentaje hay una empresa que mira al costado, una jefatura que minimiza y una víctima que aprende que callar “es lo más conveniente”.

El estudio de ELSA analizó a más de 35 mil personas en empresas privadas formales. Las mujeres pasaron de 37% a 16% de incidencia; los hombres, de 32% a 12%. Mejoran los indicadores, sí, pero aún hablamos de miles de casos en entornos que se supone tienen políticas, capacitaciones y códigos éticos pegados en cada intranet.

Y eso es solo la superficie. La comunidad LGBTIQ+ muestra una incidencia del 30%, el doble del promedio. Los chistes homofóbicos dirigidos a hombres (27%) y los comentarios sobre la orientación sexual o la apariencia física no son “bromas pesadas”: son la expresión cotidiana de una cultura que sigue usando el cuerpo y la identidad como moneda de poder.

Las formas de acoso más frecuentes son reveladoras: comentarios y bromas sexuales o sexistas (53%), referencias no deseadas al físico (44%), invitaciones insistentes (23%) y acercamientos físicos (19%). En más de la mitad de los casos, el agresor es un compañero o compañera; en casi un tercio, un superior. Es decir, no se trata de “una manzana podrida”, sino de dinámicas normalizadas en la estructura misma del trabajo.

Y la gran muralla sigue siendo el silencio: solo el 13% denuncia formalmente. El 58% identifica miedo, vergüenza y desconfianza como principales barreras. ¿Qué tan “comprometida” puede estar una organización donde la víctima entiende que hablar puede costarle el puesto, el ascenso o la reputación? Peor aún cuando el 52% cree que debe haber un rechazo explícito para que algo sea acoso, como si el consentimiento no existiera hasta que alguien grite “basta” en voz alta frente a toda la oficina.

La prevención funciona, como dice Marlene Molero, pero solo cuando hay intención real, no cuando el protocolo se convierte en trámite y las capacitaciones en check list para auditorías.

Reflexión final
Defender ética y justicia en el trabajo implica dejar de felicitarse por reducir el incendio mientras se mantiene la gasolina: tolerancia a “bromas”, miedo a denunciar, discriminación a LGBTIQ+ y liderazgo que calla. Mientras una de cada seis personas siga siendo acosada en su empleo, no estamos ante una cifra aceptable: estamos ante un recordatorio de que, en demasiadas empresas, el acoso aún es parte del clima laboral permitido.

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