José Jerí se lava las manos y culpa a otros por la criminalidad

En Cañete, durante la IV sesión del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, José Jerí tuvo una oportunidad mínima de hacer algo distinto: admitir que la ola de crimen que asfixia al país también es responsabilidad de su gobierno. Eligió lo contrario. Se lavó las manos, culpó a gestiones anteriores y remató con una frase que resume su estilo: “Gracias a algunos ministros del Interior estamos así”. Un presidente que habla como comentarista de política, no como quien hoy tiene el poder —y el deber— de cambiar las cosas.

Mientras las cifras de homicidios, extorsiones y asaltos se disparan, el relato oficial insiste en un “nuevo plan” que, esta vez sí, será legado histórico. En paralelo, un exintegrante de Los Pulpos es asesinado a dos cuadras de la casa del presidente en pleno estado de emergencia. El crimen manda un mensaje brutal: la delincuencia no solo no se siente intimidada, se permite operar en el perímetro simbólico del poder.

El MEF recita números como si fueran patrulleros: 2.054 inversiones en seguridad ciudadana por más de S/24.000 millones, 1.426 proyectos para serenazgos y comisarías, otros 628 para criminalística, cárceles y persecución penal; un presupuesto 2026 con más de S/12.000 millones para seguridad, 13% más que el año anterior.

A eso se suman S/1.200 millones “ahorrados” en austeridad y redirigidos a la lucha contra el delito, más intervenciones e incautaciones de la SUNAT. Sobre el papel, todo luce impecable. En la calle, la gente sigue viviendo con miedo.

En lugar de admitir que los estados de emergencia no han revertido nada, Jerí prefiere detenerse en la coartada perfecta: “algunas gestiones permisivas”, “algunos ministros del Interior”. No hay una sola línea de autocrítica sobre su propia incapacidad para articular un plan nacional serio, desmontar redes criminales, corregir errores, evaluar mandos, revisar leyes que siguen favoreciendo la impunidad. El mensaje es claro: la culpa es de los que ya no están, el mérito será mío… si alguna vez llega.

Esa narrativa tiene un costo político y ético. Si todo es culpa de los anteriores, entonces nadie responde por el presente. Si la responsabilidad siempre se terceriza, la ciudadanía queda reducida a espectadora de un intercambio de culpas mientras el crimen sigue avanzando.

Un mandatario que convierte la seguridad ciudadana en un ejercicio permanente de “yo no fui” no está combatiendo el delito, está protegiendo su imagen. El país no necesita un presidente que explique por qué “estamos así”, sino uno dispuesto a que, si algo sale mal, la frase también lo incluya.

Reflexión final
Jerí puede seguir señalando a ministros y gobiernos pasados, pero hay una realidad que no se deja culpar: cada asesinato, cada extorsión, cada barrio tomado por el miedo ocurre bajo su mandato. Y esa responsabilidad no se limpia ni con cifras, ni con discursos, ni con un legado anunciado. Solo con resultados… que hasta ahora no llegan.

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