Este viernes 5 de diciembre, a las 11:00 a.m. hora peruana, el planeta fútbol se detendrá para ver algo tan sencillo como unas bolillas girando en Washington D.C. En el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas se realizará el sorteo del Mundial 2026, la primera Copa del Mundo con 48 selecciones y tres países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá. No habrá goles ni atajadas, pero sí mucho en juego: prestigio deportivo, rutas hacia la gloria… y un negocio global que ya empezó mucho antes del primer saque inicial.
La FIFA ha diseñado un sorteo donde el azar convive con una clara arquitectura de poder. En el Bombo 1 están los tres anfitriones —México, Canadá y Estados Unidos— ya preasignados a las posiciones A1, B1 y D1, junto a los gigantes del ranking: España, Argentina, Francia, Inglaterra, Brasil, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Alemania. No solo se protege a quienes organizan el torneo; se blindan también las marcas futbolísticas que garantizan rating y contratos millonarios.
La gran novedad es la separación por “caminos opuestos” de España y Argentina (1 y 2 del ranking), así como de Francia e Inglaterra (3 y 4). Sobre el papel se habla de “equilibrio competitivo”; en la práctica, se asegura que los grandes no se crucen antes de tiempo y que la posibilidad de una final de súper potencias se mantenga viva hasta el último día, un guiño evidente al espectáculo y a los patrocinadores.
Los bombos 2, 3 y 4 dibujan el mapa real del fútbol global: selecciones consolidadas como Croacia, Marruecos, Colombia o Uruguay; emergentes como Panamá o Uzbekistán; y los clasificados vía repechaje. Las reglas impiden que coincidan demasiados equipos de una misma confederación —salvo Europa, sobrerrepresentada— mientras la FIFA repite el mantra de “justicia y transparencia”. Todo envuelto en un show televisivo a gran escala: DIRECTV para Latinoamérica, América TV en Perú, DGO y América tvGO en streaming.
El sorteo del Mundial 2026 dejó hace rato de ser un simple trámite administrativo. Es un producto premium: guion, escenografía, estrellas invitadas, relato emotivo y una estructura que cuida tanto el fútbol como el negocio.
Reflexión final
Frente a la pantalla, vibramos esperando un “grupo de la muerte” o un cruce histórico. Pero conviene mirar un poco más allá de las bolillas: cada decisión de formato, de siembra y de ruta competitiva define qué Mundial tendremos. Si el hincha no cuestiona, otros decidirán por él. La verdadera tarea es exigir un torneo donde el negocio no borre la esencia del juego, donde la emoción en la cancha pese tanto como la cifra en los contratos. Solo entonces el sorteo será algo más que un espectáculo bien producido: será el punto de partida de una fiesta que también respeta la pasión de quienes la sostienen.
