Mafias usan el aeropuerto Jorge Chávez para “tours criminales”

Mientras la publicidad vende al aeropuerto Jorge Chávez como “hub de conexión con el mundo”, las mafias lo han rebautizado con más honestidad: puerta de embarque para tours criminales rumbo a Europa, con documentos peruanos falsificados incluidos en el paquete. No hablamos de un incidente aislado, sino de un sistema paralelo que opera a la sombra de un Estado que presume radares, scanners y convenios internacionales… pero permite que su propio pasaporte se convierta en mercancía delictiva.

El negocio está montado con precisión empresarial: redes peruanas y extranjeras falsifican documentos, suplantan identidades y entrenan a migrantes para burlar controles. El “producto estrella” es la identidad peruana, codiciada porque aún permite ingresar al espacio Schengen sin visa. El libre tránsito, ganado por millones de ciudadanos honestos, convertido en atajo para tours pagados al crimen organizado: llegas, pagas, te dan papeles “peruanos” y a cruzar el Atlántico.

Los casos se acumulan: dominicanos y bolivianos con carnés de residencia “hechos en Perú”, familias ecuatorianas con documentación peruana falsa, pasaportes enviados por courier rumbo a Turquía con nombres que no existen en ningún registro. Detrás de cada intervención hay algo más que un fraude migratorio: hay un Estado cuyos sistemas de identidad y control son suficientemente porosos como para alimentar una industria internacional de falsificación.

Y la cosa no termina en los papeles. Las mafias también captan a mujeres jóvenes, muchas madres solteras, con pocos recursos y sin antecedentes. El camuflaje perfecto. Las entrenan, las disfrazan de pasajeras inofensivas y las envían con varios kilos de cocaína en la maleta mientras caminan de la mano con sus hijos. El perro antidrogas detecta lo que los filtros humanos no quisieron o no pudieron ver: detrás de cada “mula” hay vulnerabilidad social convertida en carne de cañón del negocio.

Sí, hay cooperación internacional, red Atenas, verificación 24/7 con Europa, policías y agentes que hacen su trabajo y logran interceptar varios casos. Pero si el aeropuerto sigue siendo vitrina de mafias, algo está profundamente mal mucho antes del control migratorio: en la emisión de documentos, en el control de identidades, en la prevención, en la capacidad real de desarticular redes y no solo detener eslabones débiles.

Cuando un país se vuelve proveedor de identidades falsas y puente cómodo para tours criminales, el problema ya no es solo de migración o narcotráfico: es de credibilidad institucional. Cada documento adulterado que sale del país no solo delinque, también erosiona la confianza en el pasaporte de todos.

Reflexión final
Si el Perú no asume que defender su ciudadanía implica blindar su sistema de documentos y proteger a quienes hoy son reclutados como carne barata del negocio, el siguiente control no lo pondrá un perro en el Jorge Chávez, sino una embajada europea cerrando la puerta de la exención de visa. Y esa factura la pagaremos todos, no solo las mafias que hoy viajan en primera clase sobre nuestra identidad.

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