La pitahaya peruana vive su propio despegue silencioso. Entre enero y octubre de 2025, las exportaciones alcanzaron 724 toneladas por US$ 1.8 millones, con un crecimiento de 73.9 % en volumen y 26.9 % en valor frente al año anterior. Sin embargo, este avance convive con una caída del precio promedio de US$ 3.37/kg a US$ 2.46/kg. Europa —con España y Países Bajos a la cabeza— reconoce el potencial de la fruta, mientras el Perú enfrenta una pregunta clave: ¿cómo hacer que este crecimiento no se construya sobre márgenes cada vez más ajustados para los productores más pequeños?.
La fuerte variabilidad de precios en 2025 evidencia un mercado exigente y volátil. Agosto marcó el mejor momento con US$ 13.40/kg, pero meses como febrero (US$ 1.81/kg) y abril (US$ 2.09/kg) mostraron cuán vulnerable puede ser el negocio cuando la oferta se concentra y el poder de negociación se inclina hacia los compradores. Aun así, España (US$ 790,138), Países Bajos (US$ 455,305) y Reino Unido (US$ 116,545) han consolidado a la pitahaya peruana como una fruta deseada, representando juntos más del 75 % del valor exportado.
La respuesta empresarial empieza a orientarse hacia el valor agregado. Mientras la fruta fresca concentró la mayor parte del volumen (US$ 1.6 millones, a US$ 2.28/kg), los formatos procesados —congelado, deshidratado, purés y concentrados— crecieron más de 200 %, pasando de US$ 61,379 en 2024 a US$ 184,873 en 2025. Los productos congelados (US$ 4.71/kg) y deshidratados (US$ 4.43/kg) prácticamente duplican el precio del fresco, y la categoría “Otros” alcanza US$ 16.36/kg. Este salto demuestra que la innovación y la transformación local son herramientas concretas para defender márgenes y reducir la dependencia de precios bajos.
Al mismo tiempo, la concentración exportadora es evidente: Camposol S.A. lidera con el 39.2 % del valor exportado, seguida por Agroindustria Baleno y Titan Fruit. El desafío ético es claro: que el despegue de la pitahaya no deje atrás a pequeños y medianos productores, ni fomente esquemas de compra abusivos o relaciones asimétricas en la cadena.
La pitahaya peruana se abre espacio en el mundo con resultados prometedores y una tendencia clara hacia el valor agregado. Pero para que este despegue sea sostenible, se requiere acompañar al productor con asistencia técnica, mejor acceso a financiamiento, articulación comercial y reglas de juego transparentes que eviten que la presión de precios recaiga siempre en el eslabón más débil.
Reflexión final
Convertir a la pitahaya en historia de éxito no es solo exportar más, sino hacerlo con justicia. Si el país apuesta por cadenas de valor que respeten al productor, cuiden el territorio y promuevan la formalidad, cada fruta que cruce el océano será también un mensaje contra la indiferencia y los abusos, y a favor de una forma distinta —y más ética— de hacer empresa desde el campo peruano.
