Alerta H3N2 en Perú: hospitales colapsan y Jerí en silencio

Foto: NR La Radio

El Perú vuelve a mirar un virus por el rabillo del ojo, como si la historia no hubiera cobrado suficiente. El Minsa emitió una alerta epidemiológica por la circulación internacional del subclado K de la influenza A (H3N2), y las regiones reaccionan con lo de siempre: protocolos, exhortaciones y comunicados. Pero en un país donde el sistema de salud ya está golpeado, el problema no es solo el virus: es la precariedad convertida en rutina.

Las autoridades repiten el libreto: vacunación, lavado de manos, mascarilla si hay síntomas, “llamado a la calma”. En Lambayeque incluso se dispuso el uso obligatorio de mascarillas para el personal de salud en sus establecimientos.

Correcto. Necesario. Pero también insuficiente cuando la realidad —la de verdad, no la del PowerPoint— es otra: hospitales sin medicamentos, citas que no llegan, personal agotado y servicios que operan al límite. Un sistema frágil no necesita una variante “más letal” para quebrarse: le basta una temporada de viajes, aglomeraciones y silencio oficial.

Y aquí aparece el punto más incómodo: la alerta subraya que el gran desafío es detectar y responder a tiempo. Especialistas advierten que el subclado K podría ingresar por la mayor movilidad de fin de año; y que nuestras debilidades en vigilancia (incluida la genómica) pueden retrasar el reconocimiento de casos y la reacción temprana. En Loreto, por ejemplo, se reconoce que no hay laboratorio especializado para identificar el subclado y que las muestras deben enviarse al INS, con demoras aproximadas de una semana.

¿De qué sirve “reforzar protocolos” si el país no puede confirmar rápido lo que circula?. ¿De qué sirve invocar la vacunación si la cobertura real sigue teniendo brechas y la campaña se queda corta justo cuando sube el riesgo por reuniones y viajes?. El problema no es que el Estado alerte; el problema es que el Estado cree que alertar equivale a proteger.

La influenza H3N2 (subclado K) no debería asustar por su nombre técnico, sino por lo que desnuda: que seguimos administrando la salud pública como trámite, no como defensa nacional. El virus será “riesgo leve a moderado”, dicen; pero el sistema es, hace tiempo, riesgo alto y permanente.

Reflexión final
No se trata de sembrar pánico: se trata de exigir seriedad. Una alerta sin capacidad de diagnóstico, sin abastecimiento sólido, sin refuerzo real de atención primaria y sin transparencia sostenida es solo un titular. Y el Perú ya aprendió —a un costo brutal— lo que pasa cuando el Estado confunde comunicación con acción. Esta vez, la pregunta no es si el subclado K llega; la pregunta es si, cuando llegue, volveremos a enterarnos tarde.

Lo más nuevo

Artículos relacionados