Alerta Perú: niños sin insulina y Estado en piloto automático

En el Perú de 2025, la salud pública ya no cruje: se quiebra. Y lo más grave es que lo hace sin escándalo, sin cadena nacional y sin urgencia política. La escasez de insulinas modernas para niñas y niños con diabetes tipo 1 —insulinas análogas, las que hoy son estándar— no es un “problema logístico”: es una alerta roja ética. Mónica Portal, desde la ONG Lucas, una misión de vida, lo ha dicho con claridad: se está entregando insulina NPH, una opción antigua con riesgos reales de hipoglucemias severas, especialmente nocturnas.

La diabetes tipo 1 no da tregua, no espera licitaciones, no negocia con presupuestos “ínfimos”. Y sin embargo, el sistema actúa como si el tiempo fuera un trámite. Portal recuerda que el marco de protección existe, pero en la práctica se incumple: cuando el tratamiento correcto se reemplaza por lo que “hay”, el Estado convierte un derecho en ruleta.

El drama no termina en la niñez. El desabastecimiento golpea también a jóvenes y adultos: en Chiclayo, se reporta falta de insulina tipo Lantus en el Hospital Almanzor Aguinaga (EsSalud), con pacientes informados de que no habría stock hasta fines de enero de 2026. En Lima, una usuaria denunció meses sin recibir su insulina en un policlínico de Jesús María.

¿Y qué ofrece el aparato público frente a una enfermedad que exige continuidad perfecta? Silencio administrativo, puertas cerradas, y ese “tótem” institucional que nadie toca. La salud colapsa por acumulación: faltan medicamentos, especialistas, citas y capacidad resolutiva. Y mientras el país lidia con extorsión, crisis política y servicios debilitados, la vida de un paciente diabético queda reducida a una peregrinación: farmacia, ventanilla, reclamo, resignación.

La escasez de insulinas modernas no es una anécdota sanitaria: es una radiografía del abandono estatal. Cuando el tratamiento retrocede, el riesgo avanza. Y cuando el Estado normaliza la precariedad, lo que se rompe no es solo el sistema: es la confianza de las familias que viven contando unidades, días y posibilidades.

Reflexión final
Un país serio no “administra” la diabetes: la enfrenta. No se trata de discursos, sino de decisiones medibles: abastecimiento garantizado, compras oportunas, especialistas en regiones, y un estándar de atención que no condene por código postal. Porque en salud, el piloto automático no es neutral: es mortal cuando falla el oxígeno del sistema, y aquí se llama insulina.

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