Foto: La República
En el Perú, la publicidad suele ser un contrato emocional: te promete velocidad, estabilidad y “cero problemas”, y tú firmas con fe… hasta que el Wi-Fi se cae en plena videollamada. Esta semana, al menos, alguien decidió mirar el expediente. Indecopi sancionó a WI-NET Telecom S.A.C. (Win) con S/ 474.812 (88,75 UIT) por difundir 42 piezas publicitarias con mensajes que podían inducir a error sobre las características reales de su internet fijo. Y ordenó, además, el cese definitivo de esas publicaciones.
Los slogans eran de manual: frases como “Con WIN no tendrás retrasos en tu señal” o “navega al toque y sin complicaciones” —promesas absolutas, redondas, perfectas— que, según la autoridad, no estaban debidamente sustentadas o no se correspondían con el servicio ofrecido. La resolución nace tras una denuncia de América Móvil y fue evaluada por la Comisión de Fiscalización de la Competencia Desleal.
Pero el punto no es Win: el punto es el ecosistema que permite que la exageración se vuelva estrategia y que “la mejor red” sea una frase sin contenido verificable. Porque cuando la publicidad se vuelve un maquillaje permanente, el consumidor deja de comparar servicios y empieza a apostar a ciegas. Y cuando la competencia se distorsiona con promesas infladas, el mercado no premia calidad: premia creatividad para vender certezas que nadie puede garantizar.
Indecopi, sí, actuó. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿cuántas campañas similares pasan semanas —o años— instalando percepciones falsas antes de que alguien “despierte”? En un Estado que suele llegar tarde a casi todo, la fiscalización no puede ser un evento: debe ser rutina.
La multa a Win es una señal saludable: recuerda que la competencia se gana con hechos, no con frases bonitas. Pero si la corrección llega solo cuando el escándalo ya circuló y la percepción ya se sembró, el daño se vuelve parte del modelo.
Reflexión final
El consumidor peruano no necesita milagros: necesita reglas que se cumplan a tiempo. Si Indecopi va a “despertar”, que no sea por ratos. Porque en un país donde tantos venden humo, la verdadera defensa del ciudadano es simple: evidencia, sanción rápida y cero tolerancia a la fantasía presentada como garantía.
