José Jerí supera a Dina Boluarte con más muertes al día

Foto: Diario Uno
El país no necesitaba un nuevo récord, pero lo está teniendo. El gobierno de José Jerí ya supera el promedio de homicidios diarios del periodo de Dina Boluarte: más de seis muertes al día frente a 5,25. Es decir: no solo no se corrigió el rumbo, se aceleró la caída. Y lo más corrosivo no es la cifra, sino la respuesta: la misma receta agotada de siempre, el “estado de emergencia” como placebo, mientras el crimen organizado sigue operando con disciplina y ventaja.

Jerí llegó con discurso de orden, pero gobierna con piloto automático. La diferencia con Boluarte no es de estrategia, sino de calendario: ella repartía emergencias como si fueran comunicados; él las firma como si fueran estampitas. La calle, en cambio, responde con balas. Y los datos son una bofetada: en 2025, el promedio diario de homicidios supera los seis casos y más del 75% de muertes violentas ocurre por armas de fuego. Ese porcentaje no describe “delincuencia común”: describe un país donde matar se volvió rutina y donde las bandas se sienten lo suficientemente seguras como para disparar sin esconderse.

En este escenario, Jerí insiste en la política del recorrido: penales, comisarías, cámaras, poses, frases. La pregunta se cae sola: ¿cuántas visitas se necesitan para que baje un homicidio? Porque lo que baja con cada paseo no es la criminalidad, es la paciencia ciudadana. Mientras el presidente actúa como influencer institucional de la seguridad, la realidad se reorganiza por su cuenta: empresas de transporte blindan buses, colocan placas de acero, entregan chalecos antibalas. En un país medianamente funcional, eso sería noticia excepcional. En el Perú de Jerí, es supervivencia empresarial.

Lo grave es el mensaje implícito: el Estado ya no garantiza lo básico y la gente debe comprar su propia protección. La seguridad se privatiza y el miedo se normaliza. Esa es la continuidad perfecta entre Boluarte y Jerí: ambos administran la crisis como espectáculo, sin un Plan Nacional real contra las organizaciones criminales, sin reforma efectiva, sin inteligencia operativa sostenida, sin control territorial serio. La diferencia es que, con Jerí, la estadística empeoró.

Si la comparación con Boluarte era el mínimo moral, Jerí ni siquiera alcanzó eso. Superar su promedio de muertes diarias no es “mala suerte”: es evidencia de inacción estructural, de decisiones cortas y de una estrategia reducida a decretos.

Reflexión final
Cuando un gobierno supera el promedio de homicidios del anterior y aun así insiste en las mismas “soluciones”, no está gestionando: está repitiendo el error como método. Y cada repetición tiene un costo real: más funerales por día, más miedo por noche y un país que aprende —a la fuerza— que la vida vale menos que una foto presidencial.

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