Foto: El Poder
El narcotráfico ya ni disimula: ahora se maquilla de bienestar. En el aeropuerto Jorge Chávez, una “narcobanda de las multivitaminas” ha encontrado el disfraz perfecto para exportar cocaína peruana de alta pureza: frascos de suplementos, champú, cremas, envases “de uso diario”. La escena es grotesca por cotidiana: mientras el país presume modernidad aeroportuaria, el crimen prueba nuevas recetas y el control llega tarde, cuando el reactivo químico ya canta.
El mecanismo es tan frío como rentable. La operación se concentra en la famosa “Siberia”, zona de transbordo de equipajes donde se han detectado los camuflajes más insólitos. La ruta, además, no empieza necesariamente en Lima: se aprovechan aeropuertos de provincia —como Piura— donde los controles suelen ser más blandos, y recién después se escala en el Jorge Chávez para saltar a vuelos internacionales hacia Europa, con escalas estratégicas en ciudades que ayudan a “diluir” sospechas. No es improvisación: es logística criminal.
Los casos revelados son una radiografía de cómo se juega con la seguridad. Una burrier extranjera, por ejemplo, transportaba cerca de 14 kilos de cocaína líquida escondida en multivitamínicos, champú y crema de coco. Otro pasajero intentó mover más de 11 kilos en suplementos rumbo a París. Un tercero, también captado en vuelo procedente de Piura, llevaba más de 5 kilos. ¿El patrón? Extranjeros de perfil “normal”, equipajes voluminosos, rutas diseñadas para despistar y envases que —a simple vista— parecen inocentes.
Y lo más contundente no es el ingenio, sino la escala. Se documentan más de 68 operaciones recientes en el Jorge Chávez con 422 kilos incautados bajo diversas modalidades: equipaje tradicional, estructuras internas de maletas, ingesta y “momia”. Que eso ocurra con esa frecuencia y volumen no habla de “casos aislados”; habla de un circuito que intenta pasar una y otra vez porque sabe que, estadísticamente, alguna parte del sistema se cansa, se distrae o se ve superada.
Mientras tanto, el país sigue atrapado en su contradicción favorita: indignación pública, operativos televisados y, después, vuelta a lo mismo. El delito se perfecciona; el Estado se acostumbra a reaccionar.
Cuando la cocaína viaja en frascos de “multivitaminas”, la pregunta no es si los delincuentes son creativos. La pregunta es por qué el control sigue funcionando como control de vitrina: sirve para la foto, pero no para cerrar grietas.
Reflexión final
Un aeropuerto no se mide por cuántos decomisos anuncia, sino por cuántos embarques ilícitos evita. Si el Jorge Chávez se ha convertido en laboratorio de camuflaje y en ensayo de rutas, entonces la “seguridad” es un decorado caro. Y en un país donde el crimen ya exporta hasta en crema de coco, la peor vitamina que nos falta es la más básica: Estado.
