Elecciones: Congresistas de Acción Popular no podrán reelegirse

Foto: Lima Gris.

El plenario de Acción Popular decidió no otorgar permiso a sus militantes para que postulen con otros partidos en las Elecciones 2026. En castellano simple: se acabó el “cambiazo” de camiseta para salvar la reelección. Y aunque algunos lo leerán como una interna partidaria, la noticia retrata un síntoma mayor de nuestra política: cuando el proyecto se derrumba, muchos no piensan en el país ni en el partido, sino en el asiento. El plazo, además, tiene filo: el 23 de diciembre vence la posibilidad de ser inscrito por otra agrupación mediante invitación.

Acción Popular llega a esta decisión en medio de una tormenta: el partido enfrenta un desgaste público severo y carga con el antecedente de irregularidades que golpearon su credibilidad. En ese contexto, la reelección para varios de sus congresistas se volvió una urgencia personal. No por un plan legislativo pendiente ni por una agenda de reformas inconclusas, sino por la lógica del cargo como refugio.

Los afectados no son pocos: ocho congresistas buscaban reelegirse en el nuevo Congreso bicameral y ahora quedan bloqueados por su propio partido: María del Carmen Alva, Carlos Alva Rojas, Luis Aragón, Silvia Monteza, Juan Carlos Mori, Hilda Portero, Wilson Soto y Elvis Vergara. La política peruana se ha acostumbrado a una práctica tan conveniente como corrosiva: cuando un partido no ofrece futuro, se busca otro logo, otro padrón, otra lista. El elector se queda con el discurso; el candidato se queda con el cupo.

Lo que Acción Popular hace hoy, en el fondo, es admitir que la militancia se volvió utilitaria: pertenecer mientras conviene, salir cuando estorba. Por eso esta decisión es una rareza: un partido poniéndole límite al instinto de supervivencia. Sin embargo, tampoco hay que romantizarla. Esto no es un acto épico de ética política: es un cierre tardío de compuertas, cuando el daño reputacional ya está hecho y la casa ya huele a crisis.

La medida del plenario corta una costumbre que ha degradado la representación: congresistas que, ante la falta de respaldo, buscan reelección “por invitación” como si la política fuera un mercado de pases. Hoy, al menos, Acción Popular les dice: no.

Reflexión final
Este episodio deja una pregunta incómoda para todo el sistema: ¿cuántos partidos son proyectos y cuántos son trampolines? Si los congresistas ven la curul como objetivo personal y no como encargo ciudadano, la democracia se vacía por dentro. Que Acción Popular cierre el pase puede sonar disciplinario, pero el fondo es más grave: la reelección se ha vuelto un fin, no un medio, y el país paga el costo en leyes mediocres, instituciones débiles y una política que parece pensada para sobrevivir, no para servir.

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