Foto: Agroperú.
La fresa peruana está entrando en una etapa de expansión que combina volumen, aprendizaje técnico y una oportunidad exportadora cada vez más clara. Según un estudio técnico del Midagri, en 2025 el país superaría las 62.800 toneladas de producción, cifra que marcaría un récord y confirmaría que esta fruta dejó de ser un cultivo “de nicho” para convertirse en una apuesta con potencial agroindustrial. Más aún: solo entre enero y septiembre, la producción habría crecido 51,3% frente al mismo periodo de 2024, un salto que exige mirar no solo la cosecha, sino todo lo que viene después: cadena de frío, variedades, certificaciones y mercados.
El informe plantea un escenario optimista en el que el crecimiento podría sostenerse hasta alcanzar 82.400 toneladas en 2028, siempre que se impulse una agenda concreta de competitividad. Entre las prioridades aparecen la tecnificación intensiva, el financiamiento para renovación varietal (cultivares de mayor rendimiento y mejor firmeza para congelado) y el impulso de agricultura protegida en regiones altoandinas como Cusco, Áncash y Cajamarca. Traducido al lenguaje empresarial: más productividad por hectárea, mayor resiliencia climática y una oferta más estandarizada para exportación.
Un punto decisivo es la infraestructura y la organización del mercado. El Midagri propone crear un programa nacional de fresa exportadora con certificaciones y asistencia técnica, además de centros de acopio y cámaras de frío en polos emergentes. Esto es clave porque la fresa es altamente perecible y la rentabilidad se juega en horas: sin frío, se pierde calidad; sin calidad, se pierde precio y destino.
En el mapa productivo, Lima lidera con claridad: zonas como Barranca, Huaral, Huaura y Huacho concentran alrededor del 90% de la producción nacional. Sin embargo, el crecimiento futuro también dependerá de diversificar territorios. Regiones como La Libertad, Arequipa, Apurímac y Huánuco ya buscan ampliar áreas de cultivo, lo que abre espacio para nuevas inversiones en riego, semillas, asistencia agronómica y logística.
En exportaciones, el desempeño también es alentador, aunque con matices. La fresa fresca muestra una recuperación importante: entre enero y septiembre los envíos subieron 285% hasta 27 toneladas, con España como destino de más del 95%. Pero el verdadero motor está en la fresa congelada: se exportaron 15.133 toneladas, 77% más que en 2024, con Estados Unidos como principal mercado. Este avance ya posiciona al Perú como octavo exportador mundial de fresas congeladas, con cerca del 4% del comercio global.
La fresa peruana tiene una oportunidad real: crecer en volumen, fortalecer industria de congelados y avanzar hacia una exportación fresca más competitiva, apoyada en tecnología, estándares y cadena de frío.
Reflexión final
El desafío es convertir el récord productivo en valor sostenible. Si el país logra coordinar productores, financiamiento, infraestructura y certificaciones, la fresa puede convertirse en un nuevo emblema de diversificación agroexportadora: rentable, descentralizable y capaz de competir por calidad en mercados exigentes.
