Encuesta Ipsos: el país pide seguridad, no más discursos

Foto: Infobae.

Esta Navidad, el Perú no está pidiendo perfumes ni descuentos: está pidiendo no morirse. Según una encuesta de Ipsos para Perú21, el 50% de peruanos le regalaría al país seguridad ciudadana; el 47%, justicia; y luego aparecen deseos que suenan a ciencia ficción nacional: crecimiento económico (37%) y estabilidad (34%). Es un “wishlist” que, en cualquier país funcional, sería la lista de lo básico. Aquí es una lista de lo ausente.

Lo más mordaz del resultado no es que la gente pida seguridad; es que tenga que pedirla como si fuera un lujo. Porque el Estado —que se supone tiene el monopolio de la seguridad y la justicia— lleva años actuando como si ese monopolio fuera opcional, intermitente o, peor, delegable. En la práctica, la calle se ha convertido en un mercado donde la extorsión fija precios, el sicariato impone silencios y la impunidad hace de gerente.

La encuesta también revela algo igual de serio: el país no solo está inseguro; está emocionalmente desgastado. Predominan la preocupación (52%), la pena (36%) y la vergüenza (31%). Es decir, la ciudadanía no llega a fin de año celebrando: llega sobreviviendo y evaluando daños. Y aun así, la política insiste en vender “logros”, “operativos” y “mano dura” en titulares, mientras la experiencia cotidiana es otra: miedo en el transporte, comercios que pagan cupos, familias que viven con la idea de “no te demores”, “no respondas”, “no te metas”.

Lo que queda claro es que seguridad sin justicia es teatro. Lo dicen incluso voces técnicas: sin coordinación real entre Policía, Fiscalía, Poder Judicial y sistema penitenciario, cualquier plan está condenado a fracasar. Pero aquí el problema es más profundo: no solo falta coordinación, falta seriedad. En vez de estrategias sostenidas, se repiten medidas temporales. En vez de inversión y profesionalización, rotación y excusas. En vez de liderazgo, cálculo.

La parte final del mensaje es el golpe directo: la gente no está pidiendo milagros, está pidiendo Estado. Y el 2026 se asoma con miles de candidatos que ofrecerán exactamente lo mismo: promesas grandes, ejecución pequeña y memoria corta.

Si el principal “regalo” que el país se pide es seguridad y justicia, entonces el Perú está confesando su emergencia en voz alta.

Reflexión final
Quizá el acto más patriótico de esta Navidad sea no normalizar lo inaceptable. Porque cuando la seguridad se vuelve un deseo navideño, la política ya fracasó. Y si en 2026 volvemos a elegir discursos en lugar de capacidad y honestidad, no será mala suerte: será reincidencia colectiva.

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