Mundial 2026: medidas tibias de FIFA ante calor extremo

(Foto: Reforma). La FIFA anunció tres medidas frente al calor intenso para el Mundial 2026. Suena a responsabilidad. Pero, en un torneo que se jugará entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá —pleno verano boreal— la pregunta no es qué anunció, sino si está dispuesta a asumir las consecuencias cuando el termómetro mande. Porque el calor extremo no es un “condicionante”: es un riesgo de salud pública dentro del espectáculo más visto del planeta.

La primera medida es la más fotogénica: pausas de hidratación obligatorias tras el minuto 22 de cada tiempo. Bien. También es, seamos honestos, la más cómoda: no altera contratos, no mueve calendarios, no incomoda a broadcasters. Es la solución perfecta para un comunicado: visible, simple y fácil de vender. El problema es que el cuerpo humano no negocia con el minuto 22. Si el índice térmico está en zona peligrosa, dos pausas no convierten un partido de riesgo en un partido seguro: solo le ponen “procedimiento”.

La segunda medida es ajustar horarios: mediodía en estadios con aire acondicionado (Dallas, Houston, Atlanta) y tardes/noches en sedes más expuestas. Correcto… si el calor fuera un fenómeno disciplinado. Pero cualquiera que haya sufrido una ola de calor sabe que el riesgo puede persistir incluso fuera del mediodía. Y aquí está la trampa: la FIFA presenta el horario como escudo, cuando es apenas un filtro.

La tercera medida es infraestructura “de apoyo”: ventiladores industriales y vaporizadores en estadios como el SoFi (Inglewood), que no tiene climatización total. Tecnología para que el show siga. Pero también una señal inquietante: se intenta “acomodar” el cuerpo a la exigencia del calendario, en vez de acomodar el calendario a la seguridad del cuerpo.

Mientras tanto, los datos son tercos. Un estudio identificó ciudades de “alto riesgo” (Monterrey, Miami, Kansas City, Boston, Nueva York y Filadelfia) con jornadas que superan umbrales térmicos que rozan el límite de adaptación humana. Y ahí aparece el punto ético: ¿quién decide cuándo parar? FIFPro lo dice sin rodeos: hay “partidos de riesgo” y pide que se posterguen automáticamente cuando el índice WBGT supere 28. La FIFA, por ahora, no lo incluye.

El anuncio de tres medidas no cierra el debate: lo abre. Porque sin un protocolo automático de suspensión, todo queda en discrecionalidad… y la discrecionalidad, en un negocio global, suele inclinarse hacia la continuidad.

Reflexión final
La FIFA quiere un Mundial récord, pero el récord no puede construirse a costa del cuerpo. Si la organización prioriza “que se juegue” por encima de “que sea seguro”, no hablamos de deporte: hablamos de riesgo administrado para sostener la facturación. En un Mundial, el límite no debería marcarlo el cronograma. Debería marcarlo la vida.

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