(Foto: Agro Latam). El cacao peruano cerrará el 2025 con una de sus mejores noticias empresariales: un nuevo máximo histórico en exportaciones. A noviembre, el país ya suma US$ 1.454 millones en cacao y derivados, cifra que supera todo lo registrado en 2024 (US$ 1.239 millones). El dato confirma un salto de escala en valor, pero también deja una lección clave para el sector: el crecimiento reciente se explica menos por “vender más” y más por un mercado internacional que cambió de precios con intensidad y rapidez.
Durante años, el avance del cacao peruano fue gradual. Entre 2010 y 2023, el valor exportado pasó de US$ 72 millones a US$ 352 millones, con una evolución sostenida y una canasta dominada por el grano. Sin embargo, el 2024 rompió el guion: el valor exportado subió a US$ 1.239 millones, un salto extraordinario que multiplicó el resultado del 2023, impulsado principalmente por el repunte del precio internacional. En 2025, esa ola no solo se mantuvo: se amplió. Entre enero y noviembre, el valor ya es 17% mayor que todo el 2024 y 26% superior a lo acumulado a noviembre del año pasado.
La lectura empresarial es doble. Por un lado, este escenario ha trasladado más valor a la cadena y ha puesto al cacao peruano en una vitrina internacional privilegiada. Por otro, aumenta la exposición a variables globales: balance de oferta y demanda, inventarios y ventanas de fijación de precios cada vez más cortas. El mercado, de hecho, viene mostrando señales mixtas: los precios se sostienen por recortes de estimaciones de oferta y menores inventarios en circuitos monitoreados, mientras la demanda muestra enfriamiento a través de moliendas más débiles, especialmente en Asia y Europa.
Mirando al 2026, el punto de partida cambia. Con una mayor oferta esperada desde África occidental, el escenario base sugiere presión bajista y una normalización de cotizaciones frente a los niveles excepcionales de 2024-2025. Esto no es necesariamente una mala noticia: un mercado menos tenso reduce volatilidad, pero obliga a competir por lo que realmente construye valor sostenible.
Ahí aparece la agenda central para el Perú: calidad consistente, cumplimiento de estándares y trazabilidad, y mayor valor agregado como amortiguador de márgenes. En un entorno de precios más moderados, la diferencia entre crecer y solo resistir se juega en el “mix”: más derivados, más marca, más contratos bien fijados y mejor ejecución logística-comercial.
El récord exportador del cacao peruano es una señal potente de competitividad y oportunidad. Pero el siguiente capítulo dependerá menos del “viento” del precio y más de la capacidad del país para sofisticar su oferta y gestionar la volatilidad global.
Reflexión final
El 2025 deja un mensaje positivo y exigente a la vez: el Perú ya está en una liga donde el mercado mundial manda el ritmo. La gran tarea es convertir este ciclo excepcional en una ventaja permanente, fortaleciendo productividad, asociatividad y valor agregado para que el cacao peruano siga ganando terreno incluso cuando el precio deje de empujar.
