Jerí impone lema “¡El Perú a toda máquina!” y el país colapsa

(Foto: La Noticia). Un gobierno que obliga a sus entidades a repetir un lema no está acelerando al país: está acelerando el maquillaje. José Jerí ha dispuesto que todo el Ejecutivo use, de manera obligatoria, la frase “¡El Perú a toda máquina!” con logotipo oficial en 2026, supuestamente para transmitir “movimiento constante y decidido” contra la delincuencia. Pero en el Perú real —el de la extorsión cotidiana, el sicariato que se volvió rutina y la economía ilegal que ocupa territorio— lo que se mueve “sin pausas” no es el Estado: es el crimen. Y el lema, lejos de inspirar, suena a burla institucionalizada.

La norma ordena que ministerios y entidades del Ejecutivo incorporen el lema en publicidad, campañas, boletines y comunicaciones. La PCM definirá el manual visual. Es decir, el Estado se disciplina para verse uniforme. Lo que no se ve es la misma disciplina para gobernar: Jerí ya bordea los 80 días en el poder y sigue sin liderar una convocatoria nacional seria para elaborar un plan de gobierno mínimo hasta el 28 de julio de 2026, y —más grave aún— sin un Plan Nacional Integral contra la criminalidad con metas, indicadores, presupuesto, responsables y cronograma. La gestión no tiene ruta, pero sí eslogan. No tiene estrategia, pero sí tipografía.

Castillo tuvo frases. Boluarte también. Jerí suma otra a la colección de lemas que prometen movimiento mientras el país se queda sin suelo. El problema no es la comunicación: es la sustitución. Cuando el gobierno reemplaza el plan por la frase, lo que está diciendo es: “no tengo resultados, pero tengo narrativa”. En un país con anemia infantil, desnutrición persistente, servicios de salud que no alcanzan, escuelas que sobreviven y una seguridad que se descompone, la prioridad no debería ser imprimir entusiasmo. Debería ser producir Estado.

La delincuencia no se combate con slogans; se combate con control territorial, inteligencia, investigación fiscal protegida, articulación con gobiernos locales, intervención en economías ilegales, control de insumos, lavado de activos, fronteras y rutas. Nada de eso cabe en un logo. Pero el logo sí sirve para algo: para que la ausencia de política parezca “movimiento”.

Mientras Jerí se pasea por comisarías y penales con poses de “mano dura”, la extorsión sigue cobrándose vidas y negocios; el transporte paga cupos; emprendedores cierran; fiscales requieren protección; y las bandas se reorganizan con la rapidez con la que el Estado cambia de eslogan. Los estados de emergencia —reciclados y ampliados como reflejo— han sido el gran ritual del fracaso: restringen derechos, despliegan fuerzas, generan titulares… y no cambian la realidad porque no reemplazan lo que nunca se construyó: un plan integral medible.

Y si hay un riesgo estratégico que el lema no puede ocultar es este: la minería ilegal y el narcotráfico avanzan como Estado paralelo. Capturan economías, corrompen instituciones, dominan rutas. Un país sin conducción termina funcionando por inercia; un Estado sin plan termina administrado por quienes sí tienen plan: las organizaciones criminales. En ese contexto, “¡El Perú a toda máquina!” suena como el cartel luminoso de un bus sin frenos.

Jerí ha elegido un símbolo equivocado: en vez de convocar al país para gobernar, convoca al Estado para rotularse. Y la obligación del lema no transmite fuerza: transmite vacío. Porque cuando un gobierno necesita decretar la sensación de movimiento, es porque el movimiento no existe.

Reflexión final
A Jerí le quedan pocos meses. El Perú no puede permitirse que el tramo final se convierta en una campaña de branding estatal. El país necesita menos frases y más conducción. Porque si el gobierno insiste en confundir propaganda con política pública, el 2026 no será “a toda máquina”: será a toda velocidad hacia el mismo abismo, solo que esta vez con logo oficial.

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