(Foto: La Prensa). “El nivel está bajando”. Toni Kroos no lo susurró, lo disparó. Y no es una frase más en el ruido previo al Mundial 2026: es la advertencia de alguien que ganó todo y que conoce la élite desde adentro. El excampeón del mundo cuestionó el aumento de selecciones y dejó al desnudo lo que la FIFA intenta maquillar como progreso: un torneo inflado que puede sacrificar calidad en nombre de la cantidad.
El Mundial ampliado a 48 equipos se vende como inclusión, diversidad y fiesta global. Pero Kroos plantea la pregunta incómoda: ¿incluir a más es realmente mejorar el fútbol? Para él, no. Más selecciones significan más partidos desparejos, más goleadas que nadie disfruta y una sensación creciente de trámite. “No disfruto un 5-0 o un 6-0”, dijo. No es desprecio al rival; es defensa del espectáculo real, ese que nace cuando hay equilibrio, tensión y riesgo.
El alemán también apuntó al elefante en la habitación: el agotamiento de los jugadores. Temporadas interminables, torneos que se encadenan sin respiro, giras comerciales, viajes, y ahora un Mundial más largo. En ese contexto, hablar de “cuidar la calidad” no es romanticismo, es supervivencia. Un futbolista que llega exhausto no eleva el nivel del torneo; lo arrastra. Y eso se traduce en menos intensidad, más errores y partidos que se olvidan al día siguiente.
La FIFA insiste en que el cambio hará el torneo “más atractivo”. Pero ¿atractivo para quién? Para el hincha que ama el juego, o para el mercado que necesita más inventario: más partidos para vender, más franjas horarias, más paquetes de derechos, más sedes que facturen. El problema no es que entren más países; el problema es que el criterio parece ser comercial antes que deportivo.
Kroos, con su franqueza, rompe un pacto tácito: el de no cuestionar la maquinaria desde adentro. Y eso incomoda. Porque cuando un ícono del fútbol europeo afirma que el nivel baja, no habla de nostalgia: habla de una deriva estructural. El Mundial no debería ser una eliminatoria extendida, sino la cima del rendimiento. Cada ampliación, cada ajuste, debería medirse con una sola vara: ¿mejora el fútbol o solo mejora la caja?
La crítica de Kroos no ataca a selecciones ni a hinchadas; cuestiona una decisión que puede vaciar de contenido al torneo más importante del planeta.
Reflexión final
Si el Mundial se transforma en una suma de partidos previsibles, la FIFA habrá ganado volumen, pero perdido esencia. Y cuando la esencia se pierde, no hay derechos de transmisión que la compren de vuelta. Kroos fue fuerte y claro. Ahora falta saber si alguien en la FIFA escucha… o si, como tantas veces, el negocio volverá a gritar más fuerte que el fútbol.
