¿Sabes que partidos tienen más candidatos con sentencias?

(Foto: El Búho). En el Perú, la política tiene un talento raro: convierte lo escandaloso en paisaje. Y cuando ya creíamos haberlo visto todo, llega el dato que resume nuestra “renovación” democrática con una sonrisa torcida: 252 postulantes a cargos de las Elecciones 2026 arrastran sentencias penales firmes. No es una anécdota; es un sistema. Y como todo sistema, tiene nombres propios y responsables: Podemos, Fuerza Popular, APP, Partido Cívico Obras y Perú Libre encabezan el listado de partidos con más candidatos sentenciados.

La cifra no viene sola. Es todavía peor cuando se abre el archivo: 35 organizaciones políticas incluyen candidatos con antecedentes y el total de sentencias asociadas llega a 297. Es decir, no hablamos de “un caso aislado”, ese comodín con el que se tapan agujeros: hablamos de un patrón. Las condenas abarcan desde incumplimiento de obligación alimentaria hasta peculado, violencia familiar, falsificación, hurto, lesiones y estafas, entre otros. Traducido a lenguaje ciudadano: personas que ya tuvieron un problema serio con la ley hoy quieren legislar, fiscalizar y “representarnos”.

Y ahora el ranking, para que nadie diga que es “percepción”: Podemos Perú lidera con 19 postulantes con sentencias; Fuerza Popular con 15; APP con 14; y Obras y Perú Libre con 12 cada uno. No es que “se les pasó” revisar. No es que “no sabían”. Los partidos son el primer filtro, pero aquí operan como coladeras: dejan pasar lo que sea, siempre que sume votos, financie campaña o “mueva” territorio.

Lo mordaz —y lo trágico— es la puesta en escena: en campaña hablan de moral, valores, familia, orden, mano dura. En la vida real, arman listas donde la “idoneidad” parece un adorno y la ética un trámite. Y cuando los descubren, ensayan la misma defensa: “ya pagó”, “está rehabilitado”, “fue hace años”. Perfecto. Pero una democracia sana no se conforma con el mínimo penal. Exige el máximo de decencia.

Si cinco partidos concentran el mayor número de sentenciados, no es mala suerte: es estrategia. Es el cálculo frío de una política que dejó de pedir permiso a la vergüenza.

Reflexión final
Lo que está en juego no es solo quién entra al Congreso, sino qué normalizamos como país. Si aceptamos que las sentencias son un detalle y no una alerta, luego no finjamos sorpresa cuando el Parlamento legisle para blindar, negociar o capturar instituciones. La democracia no muere de golpe: se pudre por acostumbramiento. Y hoy, con estas listas, el olor ya es inocultable.

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