Más de 20 exministros de Castillo buscan curul en 2026

(Foto: Convoca). A puertas de las Elecciones 2026, la política peruana vuelve a mostrar un patrón conocido: cuando el poder se desordena, sus piezas intentan reacomodarse. Una revisión de listas parlamentarias revela un dato que merece atención ciudadana —y también empresarial—: 56 exministros de gobiernos desde 2001 postulan al nuevo Congreso, y 24 de ellos provienen del régimen de Pedro Castillo. En un país donde la confianza es un activo escaso, este fenómeno obliga a mirar con serenidad y lupa qué significa para la gobernabilidad, la inversión y la calidad de las políticas públicas.

Que exministros busquen una curul no es, por sí mismo, una mala noticia. Un exintegrante del gabinete puede traer conocimiento práctico del Estado: cómo se formula presupuesto, cómo se traban las compras públicas, dónde se pierde eficiencia y por qué la inversión no despega. Esa experiencia, bien usada, puede traducirse en mejores leyes, mayor control del gasto y reformas que el sector privado —formal e informal— necesita para operar con reglas claras.

El problema surge cuando la postulación se percibe como “reciclaje” sin aprendizaje: una mudanza de cargo sin cambio de conducta, ni rendición de cuentas, ni capacidad de autocrítica. El caso “castillista” es especialmente sensible porque no hablamos de pocos nombres aislados, sino de un bloque numeroso distribuido en múltiples partidos.

Eso puede leerse de dos maneras: como dispersión política o como una estrategia para reconstruir influencia parlamentaria desde distintos frentes. En ambos escenarios, la señal al país —y al mercado— es la misma: el 2026 puede traer un Congreso con actores experimentados, sí, pero también con agendas cruzadas y lealtades que no siempre se alinean con la productividad nacional.

Para el ecosistema empresarial, el punto clave es sencillo: más que “rostros”, importa el estándar. ¿Habrá compromisos verificables con transparencia, estabilidad regulatoria, destrabe de inversiones, y lucha contra economías ilegales? ¿O veremos, otra vez, un Parlamento dedicado a la trinchera y la inmunidad como negocio? La presencia de exministros puede sumar si se acompaña de méritos, trayectoria limpia, propuestas técnicas y apertura al diálogo con sectores productivos, academia y sociedad civil.

El dato es contundente: 24 exministros del gobierno de Castillo buscan volver a la primera línea desde el Congreso. Eso no debe abordarse con prejuicio automático, pero sí con exigencia democrática.

Reflexión final
La oportunidad está servida: si estos exministros aspiran a representar al país, el mínimo esperable es que conviertan su experiencia en soluciones, no en nostalgia de poder. Y que la ciudadanía —incluido el Perú que emprende y genera empleo— vote con una pregunta simple: ¿este candidato viene a legislar para que el país funcione mejor… o para que su pasado pese menos?.

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