Elecciones 2026: candidatos con plata sucia y voto ciego

(Foto: Kambista). Abril se acerca y, con él, el ritual que el Perú repite con una mezcla de esperanza y resignación: elegir autoridades para luego descubrir —tarde— qué intereses viajaban dentro de la cédula. Esta vez, la Asociación Civil Transparencia ha encendido una alarma que debería oírse más allá del ruido de la campaña: candidaturas sin idoneidad y con posibles vínculos y financiamiento de economías ilícitas, atomización partidaria, desinformación y violencia. Cuatro riesgos que, combinados, no describen una elección: describen una prueba de resistencia para la democracia.

El primer riesgo es el más corrosivo: la política como vitrina donde el dinero ilegal compra respetabilidad. No es nuevo, pero sí más descarado. Cuando una candidatura se convierte en inversión —y no en servicio—, el Estado deja de ser un bien público y pasa a ser botín. El problema no es solo quién gana; es qué gana con él: contratos, impunidad, captura de instituciones, normalización de la corrupción y una agenda dictada por intereses subalternos al bien común.

El segundo riesgo es la atomización: casi 40 partidos en contienda. Más que pluralidad, parece dispersión. Con tantos logos, la oferta se vuelve laberinto y el ciudadano termina votando por intuición, por hartazgo o por marketing. Ese escenario es terreno fértil para el tercero: la epidemia de fake news. Donde no hay información clara, la mentira se vuelve “estrategia” y el miedo se convierte en programa de gobierno.

Y el cuarto riesgo completa el cuadro: violencia verbal y física contra candidatos, periodistas y ciudadanos. En ese clima, la democracia ya no se discute: se intimida. La campaña deja de ser debate y se vuelve pugna de barras, con amenazas como argumento y gritos como propuesta.

Transparencia plantea herramientas y redes de observación —“Revisa Tu Candidato”, misión de observación y conteo rápido—, pero el mensaje de fondo es incómodo: no basta con mirar. Hay que actuar. Partidos con reglas, Estado neutral, organismos electorales coordinados, medios responsables, investigación periodística y control efectivo.

Si el 2026 será “el proceso más complejo”, también puede ser el más decisivo: o blindamos la elección o legitimamos la captura. La democracia no se pierde de golpe; se erosiona cuando normalizamos candidatos sin idoneidad, campañas sucias y violencia como método.

Reflexión final
Un voto consciente no es un eslogan: es defensa propia. En un país asediado por delincuencia, corrupción y economías ilegales, votar sin información no es neutralidad: es dejar la puerta entreabierta. Y en el Perú, cuando la puerta queda abierta, siempre entra alguien a cobrar.

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