En un año en que el comercio global exige calidad, trazabilidad y cumplimiento sanitario, el Perú cerró 2025 con una noticia que fortalece el orgullo productivo y la agenda empresarial: el país alcanzó un récord histórico al exportar 540 productos agrícolas hacia 115 mercados, superando tres millones de toneladas enviadas. Más que un hito estadístico, es una señal clara de madurez agroexportadora y de cómo la articulación público-privada puede convertir ventajas naturales en liderazgo competitivo.
Según el Midagri, el Perú se posicionó como primer exportador mundial de uva y arándano, segundo en palta y como uno de los proveedores globales más relevantes en cítricos y mango. Detrás de ese salto no hay magia: hay inversión, tecnificación, logística, gestión comercial y un componente decisivo que a veces se subestima en la conversación empresarial: la sanidad agraria. El ministro Vladimir Cuno destacó que el resultado es fruto del esfuerzo por proteger la sanidad del país; y allí el rol del Senasa se vuelve estratégico, al garantizar estándares fitosanitarios internacionales que sostienen la confianza de los compradores y abren puertas a nuevos destinos.
La composición de la canasta exportadora también ilustra la robustez del portafolio. La palta lideró con 767.230 toneladas (23%), seguida por la uva con 555.524 (17%), el arándano con 343.537 (10%), la mandarina con 249.070 (8%) y el mango con 206.815 (6%). En mercados, Estados Unidos concentró el 28% de los envíos y Países Bajos el 19%, mientras que España, China, Chile y México completaron un bloque clave de demanda.
Un dato especialmente prometedor es el empuje de productos no tradicionales: granadilla (418 toneladas) y aguaymanto (199 toneladas) ya abren ruta en Europa, Norteamérica y plazas tan diversas como Dubái u Hong Kong. Además, en 2025 se concretaron 23 accesos fitosanitarios, un avance que, para el sector, equivale a nuevas vitrinas y contratos posibles.
Si las cifras finales confirman envíos cercanos a USD 10.194 millones, el Perú no solo habrá consolidado su récord, sino que reforzará su posición como actor decisivo del comercio agrícola internacional, con capacidad de competir por volumen, calidad y reputación sanitaria.
Reflexión final
El desafío empresarial hacia adelante es convertir este liderazgo en una ventaja sostenible: más productividad, mejor infraestructura logística, innovación en empaque y frío, diversificación de destinos, valor agregado y mayor inclusión de pequeños productores en cadenas formales. Cuando un país lidera en uva y arándano, lidera también en algo más profundo: la demostración de que la competitividad se construye con estándares, cooperación y visión de largo plazo.
(Foto: Mundo Agro).
