EsSalud: cáncer sin tratamiento por equipos malogrados

Pacientes con cáncer sin tratamiento por equipos malogrados de EsSalud. No es un caso “aislado”, no es una “contingencia”, no es “un problema puntual”. Es el país. Es la postal repetida de una salud pública que funciona como un semáforo malogrado: todos avanzan a ciegas y el que pierde no es el burócrata, es el paciente.

En teoría, EsSalud es seguridad social. En la práctica, se parece más a un sistema de seguridad burocrática: el expediente siempre está a salvo, el paciente no necesariamente. Equipos que se malogran, servicios que se paralizan, citas que desaparecen, medicinas que no llegan, especialistas que no alcanzan, derivaciones que se dilatan. El ciudadano aporta, espera y, cuando protesta, recibe el menú clásico: “estamos gestionando”, “se está evaluando”, “comprendemos su preocupación”. Traducción: siga esperando, pero en silencio.

Y aquí entra José Jerí, con esa distancia política que parece diseñada para no ensuciarse con la realidad. Mientras el país revienta por los bordes —salud, seguridad, educación— lo que se siente es ausencia de dirección, ausencia de urgencia, ausencia de interés visible. El cáncer exige precisión, continuidad y velocidad. Jerí y EsSalud ofrecen lo contrario: improvisación, pausas y comunicados.

Lo más mordaz es que el sistema sí tiene disciplina… para imponer rituales inútiles. Para sellos, formatos, requisitos, oficinas, horarios y colas: eficiencia suiza. Para garantizar radioterapia, quimioterapia, diagnósticos oportunos y abastecimiento básico: paciencia peruana. Una paciencia que, en oncología, no es virtud: es sentencia.

Y no nos engañemos: cuando un equipo “se malogra” una y otra vez en distintas regiones, ya no hablamos de mala suerte. Hablamos de gestión fallida convertida en costumbre. Si no hay plan de mantenimiento real, si no hay renovación tecnológica, si no hay contingencias para derivar de inmediato a donde sí se pueda tratar, entonces lo que existe es una política no escrita: la de aguantar el escándalo hasta que se apague.

Pero la enfermedad no se apaga. Se expande. Y el país entero lo sabe: gente viajando de región en región por una cita, familias comprando medicinas fuera porque “no hay stock”, tratamientos interrumpidos porque “no hay equipo”, y especialistas que brillan por su ausencia. EsSalud no solo está desbordado: está desorientado.

El problema no es solo que haya equipos malogrados. El problema es que el sistema actúe como si el tiempo del paciente fuera elástico. En cáncer, una semana perdida no es un detalle administrativo: es una oportunidad menos.

Reflexión final
Si Jerí quiere dejar huella, que empiece por lo esencial: que la salud deje de ser un discurso y vuelva a ser un servicio. Porque un país donde pacientes con cáncer quedan sin tratamiento por fallas repetidas no está frente a un “incidente”. Está frente a una pregunta moral: ¿para qué sirve el Estado si no sirve cuando la vida se juega?.

(Foto: Diario Viral).

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