El sorteo para elegir miembros de mesa será este 29 de enero

La ONPE ya anunció el calendario: el 29 de enero se realizará el sorteo para elegir a los miembros de mesa; la lista definitiva saldrá el 11 de febrero; las capacitaciones serán 45 días antes; y el Perú votará el 12 de abril. Todo suena ordenado, casi impecable. El problema es que, en este país, lo impecable suele ser el trámite… no la política que el trámite intenta sostener.

El sorteo es “al azar”, dicen. Y sí: a usted, a mí, a cualquiera, puede tocarle ser parte de la maquinaria que garantiza que el voto exista, se cuente y se custodie. Tres titulares y seis suplentes por mesa, desde temprano, con horas largas, presión, discusiones y el inevitable “señor, mi DNI”, repetido como mantra. El ciudadano convertido en funcionario por un día, sin sueldo proporcional al estrés, pero con toda la responsabilidad moral del proceso.

Y aquí viene lo verdaderamente mordaz: la democracia peruana se sostiene con voluntarismo ciudadano mientras la clase política se sostiene con amnesia ética. Al ciudadano se le exige puntualidad, paciencia, respeto a normas y firmeza para custodiar actas. A los candidatos, en cambio, se les tolera la improvisación, el cinismo y la campaña como espectáculo de gritos. Si el miembro de mesa se equivoca, se le acusa de “arruinar la elección”. Si el político se equivoca —o peor—, se le premia con un nuevo intento en la siguiente vuelta de la historia.

La ONPE afina el engranaje, pero nadie afina la materia prima: los partidos. Ahí está la paradoja: el Estado puede organizar el sorteo con precisión milimétrica, pero no puede garantizar que el ciudadano elija entre alternativas decentes, competentes y limpias. Es como preparar una mesa quirúrgica impecable… para operar con instrumentos oxidados.

Y mientras se capacita a miembros de mesa para que no se equivoquen con un acta, afuera se cocina el verdadero riesgo: campañas sucias, desinformación, violencia verbal y la tentación de desacreditar resultados desde antes, por si acaso no conviene aceptar la voluntad popular. En ese escenario, el miembro de mesa termina siendo no solo un organizador: un parachoques. El que aguanta la bronca, el que enfrenta la sospecha, el que contiene la desconfianza que otros fabrican.

Que haya sorteo es correcto: el voto necesita guardianes. Pero que el país dependa, una vez más, de ciudadanos sorteados para sostener una elección que los políticos degradan todos los días es una señal de alarma, no de normalidad.

Reflexión final
Si te toca ser miembro de mesa, no solo estarás cuidando votos: estarás cuidando lo poco que queda de confianza pública. Y si no te toca, igual hay una tarea urgente: no permitir que el Perú siga siendo una rifa donde el ciudadano paga el costo y otros cobran el premio. Porque la democracia no puede ser un sorteo de responsabilidades… con impunidad asegurada para los de siempre. (Foto: APS DZ).

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