El Jorge Chávez cumple una rareza peruana: quiere ser hub premium sin dejar de sentirse, por momentos, como un aeropuerto en “modo parche”. Y ahora pretende coronar esa contradicción con una nueva TUUA internacional de transferencia que amenaza con empujar vuelos directos fuera de Lima. La ecuación es simple y cruel: si cobras como aeropuerto de élite, pero operas sin estándares de élite, las aerolíneas no se quedan por patriotismo. Se van donde el negocio tiene lógica. Y el pasajero limeño, como siempre, paga el precio de un Estado que confunde concesión con cheque en blanco.
La advertencia es seria: LATAM ya habría empezado a desviar rutas directas hacia otros hubs como Brasil, y destinos que antes salían de Lima terminan convertidos en viajes largos con escalas innecesarias. La próxima ficha podría ser Lima–Miami. No porque falten pasajeros, sino porque sobran costos y falta competitividad. La nueva TUUA castiga al que conecta: suma una tarifa más y encarece operar desde un aeropuerto que todavía no ofrece una experiencia acorde al discurso oficial de “puerta de entrada del Perú al mundo”.
Aquí el escándalo no es solo el cobro. Es la desfachatez del modelo: cobrar por infraestructura “de primera” cuando el servicio y la gestión aún no lo son. Pretender tarifas de hub regional mientras se mantiene una operación discutida, congestiones, servicios irregulares y una experiencia del usuario que no resiste comparación con aeropuertos líderes de la región. Es como poner precio de hotel cinco estrellas y entregar una habitación con goteras: legal, tal vez; legítimo, jamás.
¿Y qué hace el Estado? Lo de siempre: una mesa de diálogo para simular control, mientras el mercado ya está tomando decisiones. Ositrán, MTC, concesionario, aerolíneas: todos hablan, todos “coordinan”, todos “evalúan”. Pero cuando se trata de proteger conectividad —turismo, comercio, empleo—, el país se queda sin reflejos. Y el gobierno de José Jerí, experto en reaccionar tarde, se hará el sorprendido cuando se caigan rutas: “no lo vimos venir”, “estamos revisando”, “se adoptarán medidas”. El libreto de la autoridad cuando el daño ya está hecho.
El golpe no será solo para quien viaja. Menos vuelos directos significa menos operaciones, menos consumo, menos empleo aeronáutico y menos atractivo para inversiones asociadas. Un hub que pierde rutas pierde relevancia. Y un país que pierde relevancia aérea pierde competitividad económica. Pero aquí pareciera que la prioridad es la recaudación inmediata, aunque eso termine empujando vuelos y negocios hacia Sao Paulo. Bienvenidos al Perú: el país que cobra como capital regional… y se organiza como escala secundaria.
La TUUA internacional no está “en controversia”: está retratando una realidad incómoda. Si Lima pierde rutas directas, no será un accidente. Será el resultado de querer exprimir a las aerolíneas y a los pasajeros sin ofrecer un aeropuerto que esté a la altura del cobro.
Reflexión final
El Jorge Chávez no necesita más tarifas; necesita vergüenza institucional: cobrar cuando corresponda, con infraestructura terminada, servicios consistentes y competitividad real. Porque si el aeropuerto se convierte en un peaje caro con servicios mediocres, las rutas se irán. Y con ellas se irá algo más serio: la idea de que el Perú puede jugar en primera sin dejar de improvisar en la cancha. (Foto: Infobae – Andina).
