En el Perú, las reuniones presidenciales nunca son inocentes cuando se cruzan con contratos públicos. La revelación de que el empresario chino que se reunió con José Jerí está vinculado a una filial de un gigante estatal chino y al llamado “Club de la Construcción chino” no es un episodio más del anecdotario político: es un espejo incómodo de cómo se entrelazan poder, negocios y opacidad. No se trata de xenofobia ni de prejuicio contra China; se trata de transparencia, conflicto de intereses y del patrón reiterado de empresas que han dejado obras inconclusas mientras el Estado pagaba la factura.
¿Quién es realmente el “Club de la Construcción chino”? No es una leyenda urbana. Es la denominación que la Fiscalía, Indecopi y especialistas en contratación pública han dado a un conjunto de constructoras estatales chinas que compiten —o mejor dicho, aparentan competir— en licitaciones millonarias del Estado peruano. Entre ellas destacan China Railway No. 10 Engineering Group, China Railway Tunnel Group, China Civil Engineering Construction Corporation y China Gezhouba Group, todas dependientes de conglomerados estatales chinos con alcance global.
El patrón es siempre el mismo: múltiples empresas participan en los mismos procesos, se asocian con firmas locales vinculadas entre sí y presentan ofertas que no rivalizan de manera real. El resultado es conocido: contratos adjudicados, obras problemáticas y un Estado que termina atrapado entre arbitrajes, sobrecostos y proyectos a medio hacer. El “Club” no es competencia; es reparto.
En ese tablero aparece Zhihua Yang, el empresario que cenó con Jerí en un chifa de San Borja y que está vinculado a una filial de China Railway Engineering Corporation (CREC). No es un detalle menor: CREC y sus subsidiarias han acumulado más de S/ 1,900 millones en contratos en los últimos años y registran sanciones, denuncias por incumplimientos y una inhabilitación temporal en 2023. Ese es el ecosistema empresarial con el que el presidente decidió reunirse fuera de agenda, sin registro y con capucha.
El caso del Consorcio Carretera Molinopampa (Áncash) ilustra por qué esto es grave. Liderado en 80% por China Railway No. 10, recibió un adelanto de S/ 21.5 millones y abandonó la obra. La Contraloría documentó ausencia de personal y deterioro de la vía. ¿Quién aparece como coordinador en una denuncia policial? El mismo Zhihua Yang que se sentó con Jerí. Esto no es coincidencia: es la huella operativa del “Club”.
Mientras tanto, los registros oficiales muestran que Yang ingresó a Palacio en tres ocasiones para reuniones con el área de comunicación estratégica. Es decir, había canales formales. Entonces, ¿por qué el encuentro nocturno y clandestino? Esa pregunta no es retórica: es el corazón del problema.
El escándalo no es el chifa; es el entramado. Jerí no solo se reunió con un empresario: se sentó con un actor vinculado a un club empresarial que ha dejado carreteras rotas, arbitrajes y dudas de concertación. Eso compromete la investidura y debilita la confianza pública.
Reflexión final
Si el presidente quiere gobernar con legitimidad, debe alejarse de cualquier sombra del “Club de la Construcción chino” y transparentar cada vínculo con empresas que contratan con el Estado. Porque cuando el poder se mezcla con consorcios bajo sospecha, la obra pública deja de ser desarrollo y se convierte en un negocio con costo democrático. (Foto: ATV).
