Jerí al borde de la vacancia: crisis por reuniones clandestinas

José Jerí no está simplemente “cuestionado”: está sitiado políticamente por su propia manera de ejercer el poder. Congresistas de distintas bancadas, candidatos presidenciales, autoridades regionales y ciudadanos comunes coinciden en una misma lectura: un presidente de transición no puede gobernar desde la penumbra. Las reuniones clandestinas con el empresario Zhihua Yang no son un detalle anecdótico, son el síntoma de un estilo de poder que rehúye la luz pública y desprecia la rendición de cuentas. Por eso hoy Jerí camina al filo de la vacancia.

El escándalo no nació de la nada. Se gestó cuando el mandatario decidió que su agenda oficial era prescindible, que podía reunirse fuera de Palacio, sin registro, sin transparencia y a altas horas de la noche. Esa decisión no solo debilitó su credibilidad: pulverizó la ya frágil confianza de un país cansado de secretos, pactos en las sombras y componendas disfrazadas de “malentendidos”.

La respuesta del Gobierno ha sido el viejo libreto de la crisis: cartas tardías, disposición selectiva a “colaborar”, discursos sobre estabilidad y el relato de que Jerí “cayó en una trampa”. Pero nadie cree en víctimas cuando hay fotos, fechas y patrones que se repiten. La vacancia no avanza porque el Congreso quiera desestabilizar; avanza porque el presidente se deslegitima solo.

Mientras el país sufre una ola de extorsiones, homicidios y servicios públicos colapsados, el Gobierno dedica su energía a apagar incendios que él mismo provocó. Jerí prometió “pasar a la ofensiva” contra la criminalidad y terminó a la defensiva frente a sus propias decisiones. Cada día que pasa sin resultados en seguridad, salud, educación o economía, el contraste se vuelve más brutal con su activismo nocturno en chifas y encuentros privados.

La reacción política es contundente: mociones de vacancia, censura a la Mesa Directiva, pronunciamientos de candidatos y exigencias de renuncia desde regiones gobernadas incluso por su propio partido. No es solo oposición: es un consenso de hastío. La imagen de un presidente que se esconde para cenar con empresarios mientras el país arde es demasiado pesada para sostenerse.

Jerí está al borde de la vacancia porque convirtió la transición en una comedia de errores institucionales. Un gobierno interino no tiene margen para sombras, amistades ambiguas ni agendas paralelas. Cuando la confianza se quiebra, el cargo deja de ser viable, por más discursos de estabilidad que se pronuncien.

Reflexión final
La democracia peruana no necesita presidentes que “sobrevivan” hasta el 28 de julio; necesita mandatarios que gobiernen con transparencia, seriedad y responsabilidad desde el primer día. Si congresistas, candidatos y ciudadanos piden su salida, no es por cálculo político: es porque el país ya aprendió que quien se esconde en la noche rara vez trabaja por el bien común a la luz del día. (Foto: Latina Noticias).

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