El calor puede afectar la salud mental, advierte EsSalud

El verano suele asociarse a descanso, playa y más horas de luz. Pero cuando las temperaturas se elevan en exceso, el calor deja de ser solo una molestia física y puede convertirse en un factor que afecta el bienestar emocional. EsSalud advierte que el calor extremo puede generar irritabilidad, agotamiento, dificultades para concentrarse y menor tolerancia al estrés. Reconocerlo a tiempo permite prevenir que un mal día se convierta en una cadena de malestar.

El impacto no es “solo psicológico”: el calor también influye en el funcionamiento cerebral. El doctor Elías Carrascal, del Hospital Nacional Guillermo Almenara, explica que las altas temperaturas pueden alterar neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, vinculados al estado de ánimo, la motivación y la regulación emocional. Cuando este equilibrio se modifica, pueden intensificarse síntomas de ansiedad o depresión, incluso en personas sin diagnóstico previo.

Uno de los efectos más comunes —y más subestimados— es la alteración del sueño. El descanso depende, entre otros factores, de la adecuada producción de melatonina. Con noches calurosas, conciliar el sueño se vuelve más difícil, el descanso se fragmenta y al día siguiente aparecen irritabilidad, cansancio, menor atención y fallas de memoria. Es un círculo sencillo de entender: si dormimos peor, enfrentamos peor el estrés, y si enfrentamos peor el estrés, dormimos aún peor.

Además, en episodios de calor intenso el cuerpo activa mecanismos de defensa, como enviar más flujo sanguíneo hacia la piel para disipar temperatura. Ese esfuerzo puede asociarse a confusión, cambios de conducta o desorientación. A veces, son los demás quienes notan señales: labios resecos, mirada perdida, ojos vidriosos o desconcierto. En esos casos, ayudar es simple y valioso: sombra, ventilación, agua y acompañamiento.

No todos enfrentan el calor de la misma forma. EsSalud recuerda que adultos mayores y niños son más vulnerables por su menor capacidad para regular la temperatura corporal. También pueden sentirse más afectados quienes consumen ciertos medicamentos, con sensaciones de angustia más intensa o decaimiento general durante días muy calurosos.

¿Qué hacer en lo cotidiano? Dos pilares: hidratación y autorregulación. Tomar agua con regularidad, evitar exposición prolongada en horas críticas, buscar ambientes frescos y practicar respiración lenta o técnicas de relajación ayudan a “bajar revoluciones” al cuerpo. Y un punto clave: observar la duración. No es lo mismo un día de irritabilidad que un malestar persistente.

El calor puede afectar el sueño y el ánimo, pero también abre una oportunidad para cuidar la salud mental con acciones simples, preventivas y sostenidas.

Reflexión final
En verano, cuidarse no es exagerar: es escuchar el cuerpo. Dormir mejor, hidratarse y pedir ayuda cuando el malestar se repite son decisiones pequeñas que protegen algo grande: la estabilidad emocional. Porque el bienestar también se construye cuando aprendemos a reconocer nuestras señales a tiempo. (Foto: Centro Psicologico Parque Sol).

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