Renovación Popular impulsa censura para que Jerí se vaya

Renovación Popular anuncia que busca censurar a José Jerí y exige convocar a un Pleno Extraordinario. No es “polarización”: es la consecuencia natural de un presidente que, en vez de gobernar, se ha dedicado a administrar escándalos. Jerí no está acorralado por la oposición; está acorralado por su propia conducta. Y cuando un gobierno de transición se convierte en un gobierno de explicaciones tardías, la transición deja de ser puente y pasa a ser un pantano.

Lo más grave no es una reunión, ni dos, ni el lugar, ni la hora. Lo grave es el método: agenda en sombras, registro ausente y rendición de cuentas por goteo, como si el país tuviera que conformarse con migajas de transparencia. Jerí prometió “orden” y ha entregado desorden institucional. Prometió “ofensiva” contra los problemas del país y terminó a la defensiva, tratando de salvarse a sí mismo.

Renovación Popular pide un Pleno Extraordinario porque ya entendió lo evidente: Jerí no controla la crisis; la alimenta. Cada vez que aparece, no despeja dudas: las multiplica. Cada explicación no es un cierre, es un nuevo capítulo del “yo no fui”, del “me puse a disposición”, del “ya veremos”, del “todo se aclarará”. Ese libreto funciona para ganar horas, no para recuperar confianza.

La censura que se anuncia no es una discusión académica sobre ética pública; es una discusión sobre decencia mínima. En un país donde la gente vive entre extorsiones, miedo y servicios colapsados, el presidente no puede actuar como si su principal tarea fuera sobrevivir políticamente. Pero esa es la sensación que deja: un mandatario que corre detrás del escándalo con la urgencia de quien teme el desenlace, no con la serenidad de quien gobierna.

Y aquí está la ironía amarga: un presidente de transición debería ser el guardián del reloj institucional, no el protagonista del bochorno. Su función es conducir, no contaminar. Su deber es reducir la incertidumbre, no fabricarla. Pero Jerí ha logrado lo contrario: convertir la Presidencia en un problema adicional, un foco de sospecha que distrae al Estado entero.

Por eso Renovación Popular aprieta el acelerador. Sí, hay cálculo político —siempre lo hay—, pero el cálculo no inventa hechos: se monta sobre ellos. Y Jerí ha dejado suficiente material para que cualquier bancada, hoy o mañana, le exija lo mismo. Cuando un presidente ya no inspira respeto ni confianza, solo queda el conteo: 66 firmas, 78 firmas, votos, mociones, plenarios. El país reducido a aritmética porque el liderazgo quedó reducido a excusas.

Jerí no enfrenta una “campaña en su contra”. Enfrenta un veredicto social que se ha ido cocinando con su propia torpeza: el cargo le quedó grande y la investidura le quedó incómoda.

Reflexión final
La censura no debería ser celebrada; debería avergonzarnos. Porque revela algo peor que un presidente cuestionado: revela un Estado sin brújula, donde la transparencia se persigue como si fuera un enemigo. Si Jerí pretende seguir, que lo haga con la única moneda que vale en democracia: verdad completa, agenda limpia y responsabilidades claras. Si no puede, entonces Renovación Popular no está “atacando”: está diciendo en voz alta lo que el país murmura hace días: basta. (Foto: La República).

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