Las cifras irreales de José Jerí: estadística sobre seguridad

En un país donde la gente vive con el celular escondido y el miedo a flor de piel, el Gobierno de José Jerí decidió apostar por una estrategia tan vieja como cómoda: maquillar la realidad con promedios. La denuncia del analista de datos Juan Carbajal es directa: la estadística de seguridad ciudadana presentada por el Ejecutivo estaría sesgada porque se exhibe “a nivel país” y no por departamento, generando una falsa idea de reducción de la criminalidad. Es decir, el mensaje no es “baja el crimen”, sino “baja el promedio”. Y en política peruana, el promedio suele ser la alfombra donde se esconde el polvo.

Carbajal lo dijo sin rodeos: “Lo que han hecho se llama engañar con las estadísticas… tergiversar, descontextualizar, sesgar”. La jugada es simple: si en regiones con menor incidencia los índices son bajos, el consolidado nacional puede mejorar. Pero el delito no se vive en “promedio nacional”. Se vive en tu cuadra, en tu ruta, en tu paradero.

El ejemplo es brutal: se celebró que a nivel nacional en los primeros 21 días del 2026 se reportaron 145 homicidios, frente a 163 en el mismo periodo del 2025. Suena bonito… hasta que miras Lima. Según el propio cuadro citado por Carbajal, Lima pasó de 61 homicidios (1 al 21 de enero 2025) a 77 (mismo periodo 2026). Callao, en cambio, bajó. Resultado: el Gobierno arma el titular del “avance”, mientras la capital concentra el golpe y la ciudadanía recibe el cuento con moño institucional.

Y cuando se aterriza al dato completo, la cosa empeora: en Lima y Callao hubo 90 homicidios en los primeros 21 días de 2026, frente a 78 en 2025. ¿Eso es “bajar”? Carbajal incluso advierte que el promedio diario de enero 2026 rondaría 6.9, superior a noviembre y diciembre 2025, con riesgo de cerrar el mes cerca de 200 homicidios. Pero en la conferencia, lo que se empuja es la narrativa: “insuficiente, pero positivo”.

Como si fuera poco, Carbajal plantea una duda que mata cualquier triunfalismo: los datos del CEIC podrían no ser 100% precisos ni actuales; además, existen diferencias entre registros (CEIC, Sidpol, Ministerio Público). La pregunta queda clavada: “¿En quién creemos? ¿En quién confiamos?”.

La seguridad no mejora con gráficos acomodados. Mejora con acciones medibles: patrullaje real, inteligencia, control del crimen organizado, investigación fiscal y condenas que no se caigan. El resto es estadística como maquillaje: tapa la cara, pero no cura la herida.

Reflexión final
Si Jerí necesita promedios para demostrar “avance”, es porque la realidad no lo respalda. Y cuando el Gobierno prefiere sesgar antes que enfrentar, el mensaje a la calle es devastador: no hay estrategia, hay relato. En seguridad, ese lujo no se paga con críticas. Se paga con vidas. (Foto: La República).

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