¿Sabes que un fujimorista sentenciado está intentando llegar al Senado en 2026? No es un rumor de esquina ni un meme de campaña: es la postal oficial de un país donde la política se comporta como un reciclaje sin pudor. Mientras la ciudadanía exige probidad, los partidos prueban la elasticidad de la vergüenza. Y cuando el ciudadano se indigna, le responden con tecnicismos, plazos, apelaciones y la vieja muletilla de “ya cumplió su condena”, como si el Estado fuera un hotel del que uno sale y vuelve a entrar con una sonrisa.
El caso tiene nombre y apellido: Absalón Vásquez, exministro de Agricultura del régimen de Alberto Fujimori, con sentencia firme por peculado, hoy figura como candidato al Senado por Renovación Popular, partido liderado por Rafael López Aliaga. La pregunta no es si puede aparecer en una lista: la pregunta es por qué un partido decide cargar con ese historial y pretender que el país lo aplauda.
Porque aquí no hablamos de un error juvenil ni de una “confusión administrativa”. Hablamos de uso irregular de recursos públicos. Hablamos de un Estado que persigue extorsionadores con discursos de “mano dura”, pero que tolera que quienes tuvieron condenas por tocar dinero del Estado regresen a pedir voto con discurso de “orden”. ¿Qué orden es ese? ¿El orden para el ciudadano o el orden para el círculo político que siempre encuentra una rendija?.
Y lo más corrosivo: según registros, existe una reparación civil superior al millón de soles que no habría sido pagada por completo. Es decir, el Estado —usted, yo, todos— sigue esperando. Pero el candidato ya está listo para volver a administrar poder, como si deberle al país fuera una anécdota y no una deuda moral.
Esto no es un caso aislado: es el síntoma de un sistema donde los partidos funcionan como agencias de colocación política. Si el candidato “da votos”, se le habilita. Si el expediente pesa, se le maquilla. Y si el JNE observa, se grita “persecución”. Así se degrada la democracia: no con un golpe, sino con listas que normalizan lo inaceptable.
Que un sentenciado por peculado vuelva a postular al Senado no es solo un problema legal: es un problema ético y político. El Senado debería ser cámara de representación, no sala de reingreso.
Reflexión final
La pregunta real no es “¿sabías?”. La pregunta real es ¿hasta cuándo? Hasta cuándo aceptaremos que el país sea una cinta transportadora donde algunos entran, salen y vuelven al poder sin pagar del todo —ni en dinero, ni en responsabilidad—. Porque cuando el Estado se vuelve indulgente con sus deudores, la democracia deja de ser exigencia ciudadana y se convierte en permiso para reincidir. (Foto: El Montonero).
