Elecciones 2026: 29 de enero, sorteo de miembros de mesa

Este 29 de enero se realizará el sorteo nacional de miembros de mesa para las Elecciones Generales 2026. Más de 820 mil ciudadanos serán seleccionados para instalar mesas, contar votos y entregar actas. Dicho así suena cívico, hasta inspirador. Pero en el Perú la democracia funciona como esos edificios mal diseñados: se sostiene con puntales improvisados. Y esos puntales, una vez más, son personas comunes obligadas a hacer de árbitros en un partido donde los jugadores suelen desconfiar del marcador.

La elección viene con doble dificultad: regresa la bicameralidad y la cédula será más grande. Más casillas, más confusión, más margen para el “me equivoqué” que luego se convierte en “me impugnaron”, y de ahí a “me robaron”. En ese terreno, el miembro de mesa deja de ser un ciudadano convocado y pasa a ser el último dique antes del caos. No solo cuenta votos: administra tensiones, discusiones y presiones de un país que llegó al día electoral con la paciencia al límite.

El procedimiento es ordenado: se parte de un universo de electores por mesa, se filtra por edad, se prioriza mayor grado de instrucción, se arma una lista de 25 y se eligen nueve mediante sorteo público. Todo suena transparente. El problema es que la transparencia no se prueba en el bolillero, sino cuando llega la hora de firmar actas y sostener decisiones frente a ojos que buscan errores, sospechas o grietas para gritar fraude.

Y aquí aparece la mordida del sistema: el cargo es irrenunciable. Si no te presentas, multa. Si cumples, compensación económica y un día libre. Es decir: el Estado te encarga la pieza más delicada de la democracia y te lo paga como si fuera un trámite administrativo, mientras los que viven de la política se reparten cámaras, discursos y privilegios. Si la jornada sale bien, nadie te recuerda. Si algo se complica, te conviertes en el rostro del problema.

El sorteo del 29 de enero no es un detalle logístico. Es una señal de cómo está armado el país: cuando la cosa se pone seria, el sistema delega la confianza en ciudadanos que no pidieron estar en primera línea.

Reflexión final
Si te toca, no es mala suerte: es una responsabilidad histórica. Pero también es un espejo incómodo. Porque la democracia peruana sigue dependiendo demasiado de la gente decente y demasiado poco de una clase política que, en vez de garantizar reglas limpias, suele tratar la elección como una batalla por el poder y no como un pacto de convivencia. (Foto: Central Tv).

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