Piura volvió a poner al agro peruano en modo buenas noticias. En 2025, la región superó las 535 mil toneladas métricas de mango, con un crecimiento de 55,8%. No es solo un número llamativo: es una señal de recuperación productiva y de competitividad real, en un momento en que el país necesita historias económicas que muestren cómo se puede crecer con gestión, tecnología y articulación.
El récord tiene explicación y, sobre todo, lecciones. El aumento se apoyó en mejores rendimientos por hectárea y en condiciones climáticas que favorecieron a zonas estratégicas como los valles de San Lorenzo y Alto Piura. La región cosechó cerca de 29,686 hectáreas de más de 33 mil instaladas, y elevó su rendimiento promedio a más de 18 toneladas por hectárea, duplicando con claridad los niveles alcanzados en 2023 y 2024. En términos empresariales, eso se traduce en eficiencia: más producción con mejor desempeño del terreno, mejores prácticas agronómicas y una gestión más fina del cultivo.
Otro elemento clave es la estandarización productiva. Piura concentra cerca del 90% de su producción en la variedad Kent, la más valorada para exportación. Esto permite consistencia en calidad, planificación de cosecha, logística y negociación comercial. A la vez, variedades como Edward y el mango criollo complementan la oferta y sostienen el consumo interno, lo cual ayuda a equilibrar el mercado local y a reducir desperdicios en campañas con picos de producción.
En exportaciones, el mango piurano mantiene demanda en Estados Unidos, Europa y Asia. Y aquí aparece un punto central: el crecimiento no se sostiene solo con fruta, sino con cadena. La coordinación entre productores, autoridades regionales e instituciones técnicas —sanidad, innovación e inteligencia comercial— es la que convierte volumen en reputación. Mantener estándares internacionales, asegurar inocuidad y fortalecer la trazabilidad es, en la práctica, proteger el acceso a mercados y mejorar el valor por tonelada.
El desempeño de Piura muestra que el agro puede ser una plataforma de desarrollo regional cuando se combina productividad con calidad y estrategia. No se trata únicamente de “producir más”, sino de producir mejor, vender mejor y sostener esa mejora en el tiempo.
Reflexión final
La pregunta para el Perú empresarial es directa: ¿podemos replicar este modelo en otras cadenas agrícolas? Si queremos crecimiento con empleo y territorio, la ruta está clara: gestión agronómica, infraestructura, sanidad y mercados. Piura demuestra que el futuro no se promete: se ejecuta. (Foto: Agraria).
