Embajada china desmiente a Jerí y hunde su credibilidad

En política, la verdad no siempre salva, pero la mentira casi siempre hunde. Y cuando quien te desmiente no es la oposición ni un periodista insistente, sino una embajada extranjera, el problema deja de ser un “malentendido” y se convierte en un bochorno de Estado. La Embajada de China en el Perú desmintió al presidente José Jerí. Con eso, no solo desarmó una versión: dejó en evidencia una Presidencia que improvisa, se contradice y pretende que la ciudadanía trague el libreto sin hacer preguntas.

El episodio es tan simple como demoledor. Jerí sostuvo inicialmente que se reunió en un chifa de San Borja con el empresario Zhihua Yang para coordinar actividades por el Día de la Amistad Perú-China. La embajada, en cambio, aclaró que la organización se trabajó con el Ministerio de Cultura del Perú y que se realizará una feria tradicional del Año Nuevo Chino en la explanada del ministerio. Es decir: no chifa, no coartada, no relato. Cuando un actor diplomático decide corregirte públicamente, lo hace porque no piensa cargar con tu confusión —o tu conveniencia.

Y el golpe se agrava porque Jerí también había insinuado actividades en Palacio de Gobierno del Perú. Otra versión. Otro giro. Otra salida apresurada. Lo que se exhibe es un patrón: ante la crisis, el Gobierno no aclara; cambia de escena. De día se dice una cosa, de madrugada aparece un video para decir otra. En un país cansado de impunidad, esa dinámica no es “estrategia comunicacional”: es pérdida de confianza acelerada.

Más aún cuando el empresario desfiló por Palacio con ingresos formales registrados y reuniones con áreas sensibles como comunicación estratégica. Todo “en horario de oficina”, todo “de trabajo”, todo aparentemente normal. Pero la normalidad no se decreta: se demuestra. Y cuando el Ejecutivo parece obsesionado con “explicar” más que con transparentar, el ciudadano sospecha —con razón— que la explicación llega porque la transparencia no estaba prevista.

El remate es institucional: el fiscal interino Tomás Gálvez interrogó al mandatario por reuniones con empresarios chinos en una investigación preliminar por presunto patrocinio ilegal y tráfico de influencias. En cualquier país serio, esto obligaría a máxima claridad. Aquí, parece obligar a más guiones.

La embajada no solo desmintió a Jerí: exhibió la fragilidad de su palabra. Y cuando la palabra presidencial se vuelve una versión en constante edición, el Estado pierde autoridad frente a todos: ciudadanos, instituciones y socios internacionales.

Reflexión final
El Perú no necesita un presidente que reaccione con relatos, sino uno que gobierne con hechos. Porque cuando un gobierno se acostumbra a sobrevivir a base de excusas, el país termina viviendo a base de desconfianza. Y esa desconfianza —como el crimen— también se expande.(Foto: Diario Correo).

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