En el Perú, la política tiene un talento especial para llamar “estabilidad” a lo que en realidad es blindaje. Hoy el libreto se repite con nombres propios: Keiko Fujimori y César Acuña sostienen a José Jerí mientras otras bancadas juntan firmas para un Pleno Extraordinario que permita debatir su censura. La cifra ya supera las 53 rúbricas y podría acercarse a 60, pero el número mágico es 78. Y en esa brecha —entre lo posible y lo necesario— aparecen los de siempre, con la mano fuera del papel y el cálculo dentro del bolsillo.
El país mira un Congreso que, cuando quiere, acelera. Pero cuando el tema toca al poder real, se convierte en tortuga con asesoría legal. El Pleno Extraordinario no es un capricho: es la vía para que el Parlamento discuta si Jerí debe seguir o no, luego de cuestionamientos por reuniones no oficiales con empresarios chinos y por el nuevo flanco que se abre: el de contrataciones de jóvenes tras visitas al despacho presidencial, asunto que ya escala a nivel de investigación. Si el Estado es serio, estas sombras se enfrentan con debate y control político. Si el Estado es rehén del cálculo, se patean para adelante hasta que se enfríen.
Y ahí está el doble discurso. Keiko puede criticar “con prudencia” y Acuña puede decir que pidió renuncias “primero que todos”, pero sus bancadas no se mueven cuando hay que firmar. Es la oposición de utilería: se declara indignación, pero se evita el acto. En el Perú, la moral se pronuncia; la firma se negocia.
¿Por qué no firman? Porque Jerí, débil y cuestionado, es útil. Un presidente interino con problemas es un presidente dependiente, y un presidente dependiente es un presidente manejable. En esa lógica, el país no importa tanto como el tablero: el Ejecutivo se vuelve una ficha y el Congreso, la mano que decide cuándo se avanza y cuándo se retrocede. Así se “gobierna” sin ganar elecciones: controlando tiempos, agendas y votos.
Mientras tanto, desde la Mesa Directiva aparece otra jugada conocida: enredar el procedimiento. Si se discute censura o vacancia, si corresponde esto o aquello, si el reglamento dice tal, si el asesor opina cual. La estrategia es simple: cambiar el foco para ganar tiempo. Y el tiempo, en política peruana, no es una variable neutral: es el refugio preferido de la impunidad.
Lo más grave es el mensaje que esto deja al ciudadano: que las instituciones sí tienen energía, pero la usan para proteger intereses, no para defender principios. Que el Congreso puede indignarse en conferencia, pero se paraliza cuando toca decidir. Que la “estabilidad” es un pretexto para sostener a un gobierno cuestionado, mientras la seguridad, la economía cotidiana y la confianza pública se deterioran.
Con 78 firmas se abre el Pleno. Con la negativa de Fuerza Popular y APP se bloquea el camino. Esa es la fotografía real: Jerí no está sostenido por resultados, sino por blindajes.
Reflexión final
El Perú no está atrapado solo en una crisis de gobierno; está atrapado en una crisis de complicidades. Keiko y Acuña podrán hablar de orden, pero mientras frenen el debate y sostengan a Jerí por conveniencia, el mensaje es contundente: aquí no manda la ética, manda el cálculo. Y cuando el cálculo gobierna, la democracia se vuelve una sala de espera eterna… donde el país siempre pierde. (Foto: La República).
