Bancos baten récord de ganancias y mantienen intereses abusivos

Los bancos en el Perú han logrado lo que pocos sectores pueden exhibir sin sonrojarse: ganancias históricas. El sistema cerró el 2025 con S/14.147 millones en utilidades y, como si fuera poco, por segundo año consecutivo en modo récord. Pero mientras la banca celebra, el ciudadano mira su estado de cuenta y entiende el verdadero modelo: intereses de consumo por encima del 60% anual y tarjetas rondando el 75%. En un país que mejoró su desempeño económico y redujo morosidad, esta no es una paradoja: es un negocio redondo.

La historia es simple. En 2023, cuando la economía se enfrió y el riesgo subió, las tasas treparon con rapidez. Ahí sí hubo eficiencia: el “ajuste” se trasladó al usuario sin demora. Hoy, con mejores condiciones —menor morosidad y fondeo más barato— el alivio no llega. El argumento oficial se diluye y queda el reflejo real: cuando el riesgo sube, cobran más; cuando el riesgo baja, cobran… igual. Es la banca versión grifo: sube rápido, baja lento. Solo que aquí el combustible es tu futuro financiero.

¿Y por qué ocurre? Porque el mercado está “competido” de una forma muy peruana: cuatro jugadores se reparten el tablero. BCP, BBVA, Scotiabank e Interbank explican alrededor del 83% de las utilidades. BCP lidera con una tajada enorme. Con esa concentración, la competencia no presiona: acompaña. Y el consumidor, que supuestamente elige, en realidad navega entre variaciones pequeñas de un mismo precio alto, con barreras de salida hechas de trámites, letras pequeñas y tiempo perdido.

Lo mordaz es que la banca no está pasando penurias. Al contrario: con utilidades récord, el discurso de “riesgo” suena como ese paraguas que se abre solo cuando llueve a favor. Si el sistema es tan sólido, ¿por qué el crédito de consumo sigue costando como si el país estuviera al borde del colapso? Si la morosidad cayó, ¿por qué las tasas no reflejan esa mejora? La respuesta está en la comodidad del poder de mercado: cuando nadie te obliga a bajar, bajar es opcional.

Aquí el regulador también aparece, pero como actor secundario. La SBS informa, publica, observa. Falta un enfoque más agresivo para fomentar competencia real, reducir fricciones para cambiar de entidad y transparentar el costo total del crédito de forma comparable y simple. Porque si el consumidor no puede comparar y moverse fácilmente, la “libre competencia” se queda en el lema.

Las ganancias récord no son el problema. El problema es el mensaje: en la banca, la bonanza se privatiza y el costo se socializa en intereses.

Reflexión final
Una economía sana no puede normalizar tarjetas al 75% como si fueran clima. Si la banca quiere legitimidad, debe demostrar que la prosperidad también baja al cliente, no solo al accionista. Y si el Estado quiere justicia económica, debe dejar de mirar el tablero desde la tribuna. Porque cuando el crédito se vuelve castigo, la “inclusión financiera” no incluye: atrapa. (Foto: Perú Retail).

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