El 42,5% del electorado votaría en blanco, viciado o no decide

A 60 días de las Elecciones 2026, el dato más “contundente” no lo lidera ningún candidato: lo lidera el hartazgo. Según la encuesta nacional de Datum Internacional para El Comercio, el 42,5% del electorado votaría en blanco, viciado, por ninguno o aún no decide. Ese bloque, por sí solo, es el primer partido del Perú: el partido del “ya no me engañan”. Y cuando el silencio se vuelve mayoría, la política debería temblar… pero aquí, como siempre, la política prefiere hacer bulla.

Lo más revelador es que los punteros también caminan en puntitas. Rafael López Aliaga encabeza con 11,9% y Keiko Fujimori lo sigue con 9,2%. Ninguno rompe el 12%, una cifra pequeña para una elección tan cercana. Es decir: vamos camino a un “liderazgo” que no seduce, solo resiste. Y en el fondo, ese escenario no es casualidad: es la consecuencia de años de promesas recicladas, escándalos normalizados y una administración pública que parece diseñada para frustrar al ciudadano.

Mientras tanto, la oferta electoral se multiplica como volantes en semáforo: 36 aspirantes, con 24 por debajo del 1% y 16 que ni siquiera llegan al 0,5%. Esa dispersión no es pluralidad virtuosa; es fragmentación sin sentido, el “todos quieren” sin que nadie convenza. Y en medio de tanta etiqueta, el elector no encuentra proyecto: encuentra propaganda.

Datum agrega un detalle que debería ser alarma nacional: un 54% llega con malestar (rabia, indignación o resignación), y solo una parte conserva esperanza. ¿Qué está diciendo ese votante? Que la corrupción ya no es un escándalo: es una expectativa. Que la política ya no es solución: es un trámite. Que la seguridad, la economía y la dignidad se escuchan en discursos, pero se pierden en la vida real.

Lo peor es que este 42,5% no es apatía “pura”. Es también un voto de rechazo moral: “ninguno” porque perciben intereses personales por encima del bien público. Y ojo: en un país con alta volatilidad regional, ese bloque es el que puede reventar cualquier cálculo de campaña en la recta final. No gana el más capaz: gana el que logre sobrevivir al desprecio.

La elección 2026 no está siendo un concurso de propuestas; está siendo un plebiscito de desconfianza. Con punteros sin mayoría y una masa enorme sin decisión, el riesgo es claro: que la primera vuelta se convierta en una ruleta, y el país pague el costo de elegir entre opciones que no entusiasman, solo “pasan”.

Reflexión final
El 42,5% no es un vacío: es un mensaje. Y el mensaje dice: “No me pidas fe si no me das razones”. Si la política quiere recuperar legitimidad, que empiece por lo básico: ética verificable, propuestas serias y resultados medibles. Porque cuando casi la mitad del país está listo para votar “por nadie”, el problema no es el elector: el problema es el sistema que ya no inspira respeto. (Foto: Universidad Continental).

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