La nueva encuesta nacional de Ipsos deja una señal que ningún comando debería minimizar: en esta etapa electoral, el rechazo pesa más que la adhesión. El dato central no está en quién encabeza una tabla, sino en quién concentra mayor resistencia ciudadana. Y allí el golpe es directo: Keiko Fujimori registra 76% de antivoto, Mario Vizcarra 59% y Carlos Álvarez 58%. En términos políticos, no es un tropiezo estadístico; es una advertencia sobre el límite de sus candidaturas en un electorado cansado, desconfiado y menos dispuesto a “dar otra oportunidad” sin garantías.
El caso más severo es el de Keiko Fujimori. Con tres cuartas partes del electorado inclinadas a no votar por ella, su margen de crecimiento se vuelve estructuralmente estrecho. El problema no es solo de campaña, mensaje o voceros; es de memoria política acumulada. Cuando el rechazo llega a ese nivel, la candidatura ya no discute preferencias: discute barreras emocionales y éticas difíciles de desmontar en pocos meses.
Mario Vizcarra y Carlos Álvarez, aunque con cifras menores, enfrentan un fenómeno parecido: alta recordación, pero también alta resistencia. Esa combinación revela una paradoja frecuente en la política peruana: la visibilidad no siempre suma, muchas veces sedimenta anticuerpos. Se está presente en la conversación pública, sí, pero no necesariamente en la boleta viable del ciudadano.
La encuesta también sugiere algo más profundo: el país no está enamorado de una alternativa; está vigilante frente a varias. Incluso quienes aparecen mejor ubicados en potencial cargan porcentajes de rechazo relevantes. El voto, por ahora, no se mueve por entusiasmo programático sino por cálculo defensivo. Se elige menos por convicción y más por prevención.
Ese contexto debería encender una alarma en todo el sistema político. Porque el antivoto no nace de la nada: crece cuando se normalizan promesas recicladas, polarización rentable, indolencia frente a la inseguridad y tolerancia selectiva ante prácticas que erosionan la confianza pública. Luego, en campaña, esa factura llega con intereses.
El foco de esta medición es inequívoco: el antivoto golpea con fuerza a Keiko Fujimori, Mario Vizcarra y Carlos Álvarez, y condiciona su ruta electoral. La competencia no será solo por sumar simpatías, sino por reducir resistencias que hoy parecen rígidas.
Reflexión final
Cuando una democracia entra en modo “voto de descarte”, el problema ya no es únicamente quién gana, sino cómo se gobierna después. Si la política no corrige su desconexión ética y social, el próximo resultado podrá cerrar una elección, pero no abrir una esperanza. (Foto: Alta Voz).
