FIFA explora la creación de criptomoneda para el Mundial 2026

A la FIFA nunca le ha bastado con vender fútbol: también vende relato. Y ahora, de cara al Mundial 2026, Gianni Infantino explora lanzar una criptomoneda propia —“FIFA Token” y “FIFA Coin”— presentada como una “divisa global” para los miles de millones de aficionados. El anuncio, sin embargo, no ocurrió en un espacio de rendición de cuentas ni en un foro de consumidores, sino en un evento privado en Mar-a-Lago, el club exclusivo de Donald Trump. Ahí empieza la alarma: cuando un organismo que gobierna el deporte más popular del planeta decide jugar a ser emisor de moneda, el hincha tiene derecho a desconfiar.

El discurso suena moderno: innovación, comunidad, tecnología “para los fans”. Pero la pregunta real es más simple: ¿para qué necesita la FIFA una moneda propia si ya controla el negocio más rentable del deporte? Entradas, derechos de transmisión, patrocinios, hospitalidad, licencias, merchandising. La FIFA ya cobra por todo lo que rodea a un Mundial; una criptomoneda parece menos una revolución y más un nuevo carril para monetizar la pasión.

Y luego está el contexto, que aquí no es accesorio: la propuesta se presentó en el entorno Mar-a-Lago, donde —según reportes— se lanzó o impulsó el proyecto cripto de la familia Trump, World Liberty Financial, con participación de Donald Trump Jr. y Eric Trump. El problema no es “la política” en abstracto: es el olor a conflicto de intereses cuando la gobernanza del fútbol se mezcla con círculos de poder y negocios financieros de alto riesgo.

Además, una criptomoneda no es un llavero oficial del Mundial. Es un instrumento financiero: puede ser volátil, puede incentivar especulación, puede abrir puertas a suplantaciones y a “copias” no oficiales que explotan la marca. Y aquí el punto crítico: cuando algo sale mal, ¿quién responde? ¿Habrá reglas claras, auditorías independientes, protección al consumidor, trazabilidad, límites de promoción, advertencias explícitas sobre riesgo? Porque si la FIFA quiere vender “moneda”, también debería aceptar estándares de transparencia mucho más altos que los que acostumbra.

Hay un patrón que refuerza la sospecha: la FIFA ya viene coqueteando con blockchain en años previos, con alianzas tecnológicas presentadas como modernización. Esto no nace hoy por amor al hincha: nace de una estrategia de nuevos activos digitales alrededor del evento más lucrativo del planeta.

La FIFA pretende vestir de futuro lo que podría ser la misma lógica de siempre: convertir el Mundial en una plataforma que cobra incluso por el vínculo emocional. Si el proyecto avanza sin controles robustos, el “FIFA Coin” no será una innovación: será un riesgo trasladado al aficionado.

Reflexión final
El Mundial 2026 debería discutirse en términos de accesibilidad, precios justos, derechos del público y seguridad real. Pero la FIFA decide hablar de “moneda” desde un club exclusivo. En buen castellano: mientras el hincha sueña con fútbol, la cúpula sueña con caja. Y cuando el deporte empieza a parecerse a una casa de emisión privada, lo que se devalúa no es el token: es la confianza. (Foto: Forbes Ecuador).

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