¿Cuánto pagarás si no votas o no cumples como miembro de mesa?

En el Perú, la democracia no siempre se defiende con ideas: se asegura con multas. A menos de dos meses de las Elecciones del 12 de abril de 2026, el JNE ha sido clarísimo: si no votas o si te designaron miembro de mesa y no cumples, pagas. Y aquí aparece el retrato perfecto del Estado peruano: para cobrar, impecable; para proteger, prevenir o responder con la misma energía, casi siempre llega tarde.

La omisión al sufragio se sanciona según tu distrito. Con la UIT 2026 en S/ 5,500, la multa es S/ 110 si estás registrado en un distrito no pobre, S/ 55 si es distrito pobre y S/ 27.50 si es pobreza extrema. Es decir: el sistema no te pregunta por qué no votaste, no te interpela sobre la calidad de la oferta electoral, no se cuestiona su propia credibilidad. Solo te etiqueta, te calcula y te cobra. Democracia por recargo.

La segunda multa es todavía más reveladora: si fuiste designado miembro de mesa y no instalas, pagas un monto único: S/ 275 (5% de la UIT), sin importar tu realidad económica o tu distancia al local de votación. ¿Y si además no votas? Se acumulan sanciones: tu multa por omisión al sufragio más los S/ 275.

El problema no es la multa en sí: una elección necesita reglas. El problema es el doble estándar moral. El ciudadano tiene deberes con cronómetro, pero el Estado rara vez se pone la misma vara. Se exige “responsabilidad cívica” con sanción, mientras la responsabilidad política se administra con excusas: “no hay presupuesto”, “es competencia de otra entidad”, “está en evaluación”, “se instaló una mesa de trabajo”.

Mientras tanto, millones votan con miedo, hartazgo o resignación. No porque sean indiferentes, sino porque ven la campaña como un desfile de ofertas que no se cumplen. Y frente a esa frustración, la respuesta institucional no es recuperar confianza con resultados, sino reforzar el castigo económico: participa… o paga.

La democracia no debería sostenerse por temor a una multa. Si el sistema necesita cobrar para que la gente vaya, el problema no está solo en el elector: está en la política que no convence y en el Estado que no cumple.

Reflexión final
Votar es un derecho y un deber, sí. Pero una democracia saludable no se mide por cuánto recauda en sanciones, sino por cuánto respeta al ciudadano después de la elección: con seguridad, justicia y servicios que funcionen. Si el Estado solo aparece para cobrar, no está formando ciudadanía; está fabricando cansancio. Y el cansancio, tarde o temprano, pasa factura. (Foto: Infobae /Agencia Andina)).

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