“¿Qué hacer si te roban la tarjeta o el celular con tus cuentas bancarias?” debería ser una pregunta rara. En el Perú, es casi un manual de supervivencia urbana. En 2025 se reportaron 1,462,487 celulares robados a las operadoras, según Osiptel. Es una cifra tan grande que ya ni escandaliza: se volvió paisaje. Y cuando el robo deja de ser “quitarte el equipo” para convertirse en “quitarte el acceso”, el atraco ya no termina en la calle: recién empieza en tus aplicaciones, tus claves, tus tarjetas vinculadas y tus movimientos bancarios.
El primer error es emocional y común: creer que “no podrán entrar”. La realidad es otra. Si el celular está desbloqueado, si las apps quedan abiertas, si el correo está activo o si guardaste contraseñas, el delincuente no necesita magia: necesita minutos. Y ahí aparece el segundo error: postergar el bloqueo.
La regla de oro es brutalmente simple: bloquea primero, piensa después. No esperes llegar a casa, no “luego de hacer la denuncia”, no “cuando consiga otro chip”. La prioridad es cerrar la puerta antes de que entren. ¿Cómo?
1.- Bloquea la tarjeta vinculada a tu cuenta llamando al banco (banca por teléfono). Varias entidades permiten hacerlo desde banca por internet o desde otro dispositivo. Esto no bloquea la cuenta completa: bloquea el “plástico” (físico y digital) que permite consumos y transacciones rápidas.
2.- Si no recuerdas el número del banco o estás en shock, existe la línea gratuita 1820, que te redirige a tu entidad para bloquear tarjetas y canales digitales. Esta herramienta existe porque el país asumió que el robo es frecuente. Es útil, sí. Pero también es un síntoma: cuando la emergencia se institucionaliza, la inseguridad ya ganó terreno.
3.- Una vez repuesta la tarjeta y recuperado el acceso, revisa el historial de movimientos. Si hay cargos o transferencias no reconocidas, repórtalos de inmediato y exige el procedimiento formal del banco. Luego, cambia contraseñas (banca, correo, redes), cierra sesiones en todos los dispositivos y activa biometría y verificación en dos pasos. En seguridad digital, “suficiente” casi nunca existe.
Si te roban el celular o la tarjeta, no “esperes a ver”: actúa en minutos. Bloqueo inmediato, revisión de movimientos, cambio de claves y refuerzo de seguridad. El robo moderno no busca tu teléfono: busca tu identidad financiera.
Reflexión final
La indignación no es que exista una línea como el 1820. La indignación es que la necesitemos como parte del día a día. Un Estado serio reduce el delito y protege al ciudadano; un Estado resignado termina educando a la víctima para que no la desvalijen por segunda vez. Y hoy, demasiadas veces, esa segunda vez ocurre desde una app. (Foto: Diario Judicial).
