Encuesta electoral 2026: puntero enano, desconfianza gigante

El resultado de la encuesta presidencial 2026 no trae un favorito: trae un vacío. Cuando el primer lugar se sostiene con 14.6%, la palabra “liderazgo” queda grande y la palabra “alarma” queda corta. Según la medición del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), difundida por La República, Rafael López Aliaga encabeza la intención de voto… pero estancado, sin crecer y sin conquistar un país completo.

La política quiere que ese 14.6% suene a ola. En realidad, suena a charco: suficiente para figurar, insuficiente para mandar. Y lo más grave no es que el puntero sea pequeño; lo más grave es que el país esté acostumbrándose a elegir presidentes con apoyo mínimo, como si gobernar fuera un premio por “quedar primero” en una carrera donde casi nadie llega.

El IEP registra un dato que, en otro contexto, sería esperanzador: el 64.2% dice que ya votaría por un candidato si las elecciones fueran mañana, 8.7 puntos más que en enero. Pero el país no despeja la neblina: 50.5% no identifica a un probable ganador. ¿Qué significa? Que el elector está “decidiendo”, sí, pero no necesariamente convencido. Está eligiendo como quien escoge una salida en un edificio que se incendia: rápido, con miedo, y con la sensación de que cualquiera puede fallar.

Mientras tanto, la dispersión se vuelve un método. El bloque de “otros candidatos” crece hasta 14.3%, señal de que una parte del electorado reparte su decisión fuera de los nombres principales, no por admiración súbita, sino por rechazo acumulado hacia los de siempre y por fatiga hacia los que prometen lo mismo con distinto logo. La campaña, entonces, se convierte en un mercado informal: ofertas por todos lados, garantías por ninguna parte.

El mapa del “liderazgo” también desnuda una fractura vieja: la fuerza del puntero se concentra especialmente en Lima Metropolitana, mientras el Perú rural y muchas regiones aparecen como territorio de baja conexión con ese proyecto. Eso no es detalle técnico; es advertencia política. Un presidente no gobierna un segmento; gobierna un país desigual donde el Estado llega tarde, donde la violencia y la informalidad no se corrigen con frases duras, y donde la legitimidad se pierde en semanas si no hay resultados.

Y aquí aparece el telón de fondo que explica por qué el 14.6% “alcanza”: las instituciones están reprobadas. El Congreso registra 89% de desaprobación y José Jerí cae a 21% de aprobación. Es decir: la política no compite por confianza, compite por sobrevivir al desprecio. En ese pantano, la campaña suele elegir el camino fácil: prometer sin costear, gritar “orden” sin explicar reformas, y vender autoridad mientras el país sospecha —con razones— que después vendrá el mismo libreto.

El resultado de la encuesta no corona a nadie: expone un sistema donde se “lidera” con poco y se gobierna con desconfianza. La elección 2026 avanza con porcentajes diminutos arriba y un país enorme abajo, esperando algo más que marketing.

Reflexión final
Si seguimos aceptando que el “primer lugar” sea un 14.6% y que la mitad del país no vea un ganador, la democracia se vuelve trámite y la gobernabilidad, apuesta. El voto informado no es repetir números: es exigir planes con presupuesto, metas medibles y controles anticorrupción verificables. Porque si el Perú vota otra vez con resignación, el día después no habrá sorpresa: habrá factura. (Foto: LR).

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